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La geopolítica de la agenda verde

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



La globalización ha muerto, ha nacido el súper estado anuncian los Zaratustras apócrifos de pelambre progresista. Entiéndase globalización como sinónimo de libre mercado.  Algo de razón no les falta.  Pero más que muerto, simplemente ha tomado una pausa.  La globalización precedió por mucho a los estados que son un concepto más bien reciente.

La pausa es obligada debido a los acontecimientos geopolíticos recientes.  Cuando China fue admitida en la Organización Mundial del Comercio (OMS) en los noventas, se hizo con la esperanza de que el desarrollo condujera, como sucedió en Occidente, a la democracia.  Los posteriores acontecimientos demostraron que eso no sucedería.  Peor aún, haberle permitido a China convertirse en la fábrica del mundo llevó a que se convirtiera en la segunda economía del mundo con ambiciones imperialistas que representan un enorme peligro geopolítico.  Lo sucedido con la pandemia y la interrupción de la cadena de suministros, llevó a Occidente a concluir que depender de China no era una posición inteligente.  Todo esto llevó a que los Estados Unidos perdieran todo interés en apoyar un sistema global de libre comercio.  No se puede dormir con el enemigo sin pagar las consecuencias.

La otra pata sale de la Unión Europea que en su cruzada por lograr una transición mundial a economías verdes incomodaba permanentemente a los Estados Unidos pidiéndole una revolución verde.  ¿Y qué sucedió? En agosto del año pasado finalmente Biden decidió hacerles caso y logró aprobar la IRA (Inflation Reduction Act), que es un enorme programa en términos económicos para incentivar la tan clamada transición. 

A los europeos esto no les gustó, a pesar de que es lo mismo que ellos hacen.  Los argumentos son que es una política industrial proteccionista y llena de subsidios que atenta, quien lo creyera, contra el libre comercio.  La política industrial de Biden es una enorme intervención del estado en la economía que favorece a los Estados Unidos principalmente, a Canadá y a Méjico (Tratado Usmca).  Citan el caso de los subsidios a compra de carros eléctricos, los cuales solo están disponibles para carros ensamblados en Usmca.

Solo en lo referente a la economía verde, el paquete incluye subsidios para la transición energética y apoyo a la investigación de nuevas tecnologías, incluyendo aquellas que capturan el CO2.  El pensamiento es que la transición no es posible sin una fuerte intervención del estado, ya que muchas tecnologías requieren de este tipo de apoyo estatal para lograr ser viables comercialmente.  Esto es cierto, pero nunca se había intentado en una escala de este tamaño que impacta todos los sectores de la economía.  Se había intentado, por ejemplo, en la exploración espacial, de donde salieron tecnologías como el computador portátil.  La reindustrialización de los Estados Unidos por razones ecológicas y geopolíticas es vista por la Unión Europea como una competencia desleal.

Las quejas del otro lado del Atlántico fueron escuchadas, y en un documento producido por tres alfiles del gobierno Biden  - Brian Deese, Jake Sullivan and John Podesta- se contra argumenta que las acciones decididas por parte del gobierno de los Estados Unidos generan beneficios globales que de otra forma no se lograrían, ya que al hacer que las tecnologías de transición sean comercialmente viables y económicamente asequibles, los países subdesarrollados podrán adoptarlas sin quebrarse.  El éxito de la transición a fuentes de energía limpias depende de que todos los países están en condiciones de adoptarlas.  

Como vemos, en todo este enorme juego geopolítico, Colombia es insignificante y definitivamente no está en condiciones de estar a la vanguardia.  El gobierno colombiano debería estar preocupado en cómo aprovechar al máximo el cuarto de hora de los hidrocarburos y en cómo lograr que en el nuevo panorama proteccionista no quedemos fuera del juego. ¿Se va Bayón y se queda Vélez? ¿En serio? Tenemos un presidente suicida.



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