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Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Uno de los problemas del nuevo Gobierno es no disfrutar de una verdadera oposición que lo contradiga y, si es del caso, derrote con argumentos de fondo.

Parece como si la hecatombe electoral de la derecha, sufrida en la disputa por la Presidencia, hubiera sumido a sus integrantes en un cierto pesimismo inhibitorio que les estuviera impidiendo hacer lo que saben y pueden hacer: comunicar efectivamente información y razones suficientes a la gente de a pie para que esta conozca de primera mano soluciones diferentes a las oficiales, respecto de lo que más le conviene en el largo plazo al país. Supongo que también en esto influye el “hagámonos pasito” tan habitual en los ámbitos de repartición burocrática, y además preelectorales, como los que actualmente prevalecen. 

Lo cierto es que, a casi dos meses de iniciado el cuatrienio de Gustavo Petro, se lo adivina muy solo y con exagerado poder de decisión, al punto de haber nombrado sin más a ciertos seres poco reflexivos en la dirección del Estado; es decir, en posiciones que requerirían de mayor preparación, experiencia y sentido de la responsabilidad. Al presidente de la República, entonces, hay que ayudarlo con trabajo intelectual y comunicativo que permita profundizar en el debate democrático. Esto es como en el fútbol: cuanto mejor en la técnica con la pelota es el rival, mejor tendría que ser el desempeño propio, porque la calidad es contagiosa; mientras que, ante un contrincante de pierna fuerte, a lo que más se puede aspirar es a igualársele, por puro instinto de supervivencia. 

Con esto quiero decir que es un buen motivo de perplejidad que, en un país en el que mis mayores y coetáneos se han caracterizado por hablar hasta la saciedad de la materia pública, y por sobre-analizarla toda, en lugar de actuar con capacidad y prontitud para resolver los problemas de la gente, ahora resulta que la discusión en la era petrista es escasa. En su lugar, claro, abunda lo indeseado: la monserga repetida y vacía de contenido (y el insulto vecino de la violencia física, como ya se pudo apreciar en sus inicios durante la marcha del lunes pasado). Tendrá que mejorarse el nivel del intercambio de ideas, o ya el de la producción de las mismas; y, así, será necesario pedirles los congresistas que, aunque el recinto de la democracia esté lleno de animales de compañía, como perros y gatos –según se estila-, hagan el favor de concentrarse en gritar menos y pensar más. 

A los ciudadanos, por nuestra parte, nos corresponde esforzarnos por entender lo que está pasando. En lo personal, reitero mi honesta y serena preocupación por el posible advenimiento de una avalancha de reformas artificiales, esto es, alejadas del real sentir de un pueblo que votó sin saber muy bien por qué lo hizo, pero que, como símbolo de rechazo por la vencida clase política (que poco solucionó la vida de los más necesitados), hastiado, apoya los cambios. Llamo artificial a lo que no puede sostenerse en el tiempo, a lo que se ve bien en el papel o brilla en una charla entre amigos, a la improvisación. Estamos a tiempo de pedir explicaciones precisas al Gobierno sobre lo que pretende, de exigirlas si es necesario, para de esa forma hacernos cargo de nuestro destino común.