Homenaje al clan Valderrama: en vida, amigos

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Irrumpí en un diálogo al cual no estaba invitado, pero no pude contener las ganas de entrometerme en esa conversación que en una red social se daba entre Rafa González Paredes y José Deibe, hijo de ese gran señor que es Rubén Deibe.

El tema era nada menos que el homenaje que Rafa y su esposa Alicia Valencia se encontraban organizando hace unos días para homenajear a dos hermanos representativos del fútbol samario, origen de la dinastía Valderrama que tantas glorias y alegrías ha traído a Santa Marta: Sabú "El Toto", recientemente fallecido, y "Jaricho" (nuestro profesor en el Liceo Celedón), padres de egregios futbolistas de la cantera de Pescaíto: los astros Didí, uno de los jugadores más talentosos que haya surgido de la Castellana y quizás de Colombia; y "El Pibe", el más glorioso de la familia, además de una pléyade de estrellas que han aportado su talento a la fama del fútbol samario. Radicados en Pescaíto, los Valderrama buscan fortuna en Santa Marta y el fútbol les da la oportunidad.

Desde el mítico barrio se proyectan al Unión Magdalena; el impasable "Toto", ídolo de la tribuna de sol, y "Jaricho" que llega al mediocampo de la Selección Colombia convocada por la Adefutbol. Sus hijos, desde niños harían las delicias de samarios y extraños, jugando al "perrateo" de los contrarios en la legendaria Castellana, en el Liceo Celedón y en cualquier lugar en donde se pudiera patear algún objeto esférico.

El Colegio San Francisco Javier de Garagoa, del 11 de noviembre, regido por Alicia Valencia de González, fue el escenario en el cual se juntaron la pasada semana algunas de las numerosas viejas glorias del otrora célebre balompié samario.

la improvisada "tribuna", "El Turco" Deibe observaba el partido en el cual enfrentaron a los periodistas, quienes hicieron juego honroso a los grandes del balompié.

A esos viejos leones, los kilos y los años no les han menoscabado sus condiciones; su sabiduría es cada vez mayor y dan ejemplo a jóvenes con ganas de incursionar en el fútbol competitivo.

Los jugadores eran rodeados por sus admiradores: los autógrafos que concedieron son ahora tesoros invaluables para sus hinchas.

El tórrido calor tropical de ese día no fue óbice para la alegría que despertó el acontecimiento.

En la ceremonia inaugural estuvo presente el gobernador encargado, Javier Lizcano, hijo del entrañable Silvio, otro patrimonio histórico del fútbol samario, acompañado entre muchos ilustres asistentes, de Fanny Paredes de González, gran fanática, "madre" y amiga de los consagrados deportistas: siempre ha estado ahí, presente de cuerpo y alma. No acudieron a la cita otros personajes de la historia balompédica samaria, pero estamos seguros que acompañarán a Rafa, Alicia y Fanny en el Colegiotón del próximo 20 de noviembre para recibir sus merecidas condecoraciones.

Cuenta Rafa que lo más destacado de esa memorable fiesta deportiva fue el comportamiento de los talentosos "carasucias" de la Sub 16 del Unión Magdalena y los pelaos del Colegio Garagoa.

"Más allá de sus innegables condiciones, sacaron cinco aclamado en conducta", dice. Algunos puntos que vale la pena mencionar: la expresión del cariño despierta los meritorios héroes de las gestas deportivas; la iniciativa de Rafa, Alicia y Fanny; su capacidad de convocatoria a estos eventos, a los cuales asisten quienes admiraron a sus ídolos recordando sus epopeyas; el decidido apoyo de quienes les han colaborado en la noble tarea de recordar a las glorias de nuestro deporte; el todavía tímido soporte de algunos estamentos sociales a estos eventos; y la incitación que todo esto despierta en los nuevos talentos de nuestro deporte.

El Unión del 68 era una familia donde, claro, los deportistas fueron el punto focal; al campeonato contribuyeron todos: la Gobernación, gracias al banano, trajo estrellas y otros jugadores menos conocidos pero igual de comprometidos; la Alcaldía y las empresas metían en nómina a los jugadores para sufragar costos; los directivos recortaban gastos en sus hogares para ayudar a los futbolistas; médicos y odontólogos les atendían con gusto y sin cobrar honorarios a ellos y a sus familias; los hinchas repletaban las tribunas apoyando incansablemente a los jugadores, animados por la sirena del "Loco Balín"; era una causa común que recordaba las guerras de independencia: todos luchaban por el triunfo de sus tropas.

La historia recordará a los guerreros que todo lo daban en el campo de juego, naturalmente. No hay que olvidar a quienes hicieron posible el triunfo desde el anonimato.

Santa Marta, cuna de enormes glorias del fútbol, sigue produciendo estrellas que iluminan el firmamento mundial: por estos días, Falcao García glorifica al templo que vio rodar un balón por primera vez en Colombia. Otros samarios se destacan con iguales ganas y garra en equipos de menos renombre. Y las figuras en ciernes, esos mocosos de cinco en conducta merecen el apoyo que tuvieron los campeones del 68, y todos aquellos que hicieron grande nuestro fútbol.

Los pelaos de cinco en conducta merecen todo el soporte para recuperar la identidad perdida del balompié samario, y poder agradecerles cada año en un justo homenaje a esos futuros exponentes de nuestros valores sus logros en tierras propias y ajenas. Ánimo, muchachos: podemos lograrlo.

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