¿Vacunarse o no vacunarse?

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com



Es una decisión muy personal. Para mí no fue fácil decidir ponerme la vacuna contra el Covid. Hoy recibí mi primera dosis, a pesar de estar en un sitio donde los contagios no son altos.
La decisión fue difícil porque la aguja y yo hemos tenido una relación tormentosa desde siempre, llegando incluso a desmayarme ante la sola visión de una inyección. No es fácil vacunarse porque en realidad todo ha sucedido tan rápido, que no es claro si el vacunarse tendrá consecuencias posteriores en la salud.

Para otras personas no es fácil la decisión o porque no creen en las vacunas o por motivos religiosos, ya que en el segundo caso se han utilizado en la fase de test o en la de producción células de niños abortados. En lo concerniente a la Iglesia Católica, el Vaticano ha fijado ya una posición sobre este conflicto moral.

No es fácil porque uno escucha historias de historias, desde gente que se enfermó gravemente cuando recibió la vacuna hasta gente que ha muerto como consecuencia de ello. Astrazeneca está bajo investigación por lo segundo.

Pero hay mirar el otro lado de la balanza. Millones de muertos, sistemas sanitarios colapsados en algunos países y economías paralizadas. Esto último tiene caras humanas: desempleo, hambre, empresarios que no saben si sobrevivirán un mes más y así sucesivamente. Dentro de esos millones de muertos, porque es una estadística muy fría, hay amigos, familia y conocidos. La cara de esta pandemia ha sido de dolor y sufrimiento a unos niveles que mi generación no había visto. El costo en lágrimas ha sido altísimo y sigue subiendo todos los días.

Cuando hice toda esta reflexión, me dije a mi mismo que no podía negarme a ponerme la vacuna. Mientras en muchos países claman por una vacuna, yo la tengo a la mano, y en unos pocos días todos los mayores de 16 años serán elegibles para ponérsela. En conciencia no podía. El riesgo personal mío es infinitamente menor al objetivo colectivo de la humanidad entera de salir lo mejor librada de esto. Solo vacunándonos los que más podamos, y siguiendo los protocolos de bioseguridad incluso después de vacunados acortaremos esta dura prueba.

Decisión difícil para los gobiernos y compañías porque deben valorar la obligatoriedad la vacuna una vez disponible. Los regímenes autoritarios no tienen este problema, pero si los regímenes democráticos donde la libertad es el bien más preciado. Muchas compañías que están trabajando en la estrategia de retorno a los puestos de trabajo están considerando que solo se les permitirá el retorno a aquellas personas que han sido vacunadas. No se puede obligar a nadie a vacunarse, pero las compañías si pueden tomar medidas que estimen son para el bien común. Los que no se vacunen tendrán que seguir trabajando desde sus casas.

No quiero cerrar esta nota sin reflexionar sobre el dolor de perder un ser amado. Todos los humanos hemos pasado por esta experiencia. Un pensamiento reconfortante que le escuché a un sacerdote en un funeral resuena en mi cabeza. Decía que, en medio del dolor de la muerte, este trae consigo un hermoso momento de acercamiento y compartir entre los deudos y las personas cercanas a ellos. Un momento de reconciliación donde hubo distanciamientos y diferencias entre hermanos o amigos porque la muerte tiene el poder de recordarnos nuestras fragilidades, nos ayuda a valorar y apreciar las cosas simples y buenas de la vida, nos ayuda a entender que las cosas por las que nos distanciamos son banales y aquí en esta tierra se quedan. La muerte nos recuerda que no hay diferencias entre los seres humanos y que nuestra perspectiva de vida debería cambiar. Siempre viajar liviano.


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