El piachi guajiro

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

e-mail: jaiisijuana@hotmail.com


El Piachi, entre los guayús no es un ser tomado al azar, el título de piachi se le asigna a uno de los miembros de la comunidad o tribu, escogido por un espíritu supuestamente ancestral desde su adolescencia, el designado presenta casi que consecutivas perturbaciones patológicas en su humanidad que más o menos consiste en una sucesión rápida de contracciones de relajamientos musculares, por lo general las articulaciones se muestran siempre tensa y rígidas, los dientes apretados, los ojos dirigidos hacia arriba o lateralmente y el cuerpo arqueado, que podía tomarse como ataque de histeria.

Luego entra en comunicación con su espíritu utilizando para ello la técnica del éxtasis y del trance, posee dones curativos y de adivino.

En su estado soporífero anuncia la llegada de la lluvia, e incluso insinúa que deben preparar sus rozas para la fecha indicada, también participa a la comunidad el periodo de sequía. Complementa su trance en anticipar el número de los niños que han de nacer y quienes serán las mujeres que entraran en estado de gravidez, por lo general se hacen efectivas sus anuncios y casi nunca erra.

El guayú considera que sus anuncios a pesar de lo certero o casi infalible, aún es estimada como nimiedad, debido a que su estado de pubertad todavía no se ha conjugado como Piachi, para ganarse este título debe ser más efectivo, más práctico en sus anuncios y apreciaciones y más maduro en su estado corporal.

Cuando llega a la edad del desarrollo ya prácticamente en la adultez, su cuerpo añora el deseo irrenunciable a masticar hojas de tabaco y los ataques o convulsiones que antes eran esporádicos, se hacen frecuentes y de mayor intensidad mostrándose con una serie de saltos o sacudidas musculares más rápidas y continuas casi siempre rítmicas producidas por la concentración y relajamientos de varios músculos o grupos de músculos de todo su organismo o de gran parte de su organismo; la boca se muestra como un pequeño volcán que eructa gran cantidad de saliva blanca semejantes a las blancas crestas de las olas marina. Su cuerpo parece revelar los últimos estertores de la agonía, hasta casi bordear la muerte.

De pronto se oye una voz envuelta en una especie de eco totalmente ajena a su acostumbrada voz, la que podía considerarse del espíritu ancestral que lo ostenta, luego enuncia los acontecimientos que han de suceder, las cosechas más provechosas, a prevenir de enfermedades, advierte las pestes que han de llegar y cómo han de superarse, a informar sobre las prontas adversidades que ha de sufrir la comunidad y su forma de prevenirlas.

Después del trance su ansiedad por el tabaco es insuperable debe masticar las hojas que vienen en barras. Cuando se compruebe o se realice lo anunciado o lo premeditado, se le otorga el derecho confiable de curar y con él, el título de Piachi. Ya con la responsabilidad del mantener a la colectividad sana y con ella a sus animales domésticos, se matricula en la tarea de buscar plantas medicinales que sirvan para acorazar a su tribu de grandes pestes.

El paichi posee el don de curar enfermedades, de superar las mordeduras de serpientes, superar las fracturas óseas.

Se han presentado caso en que la ciencia médica ha desahuciado a enfermos y el piechi las ha superado aplicando su don heredado de sus espíritus, como fue el caso de adolescente que, desahuciado por conservar el virus de la viruela, fue llevado al piachi y después de varias “piachadas” el adolescente prevaleció ileso ante la mortal enfermedad, pero con miles de pequeñas cicatrices en su humanidad.


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