La liberación del campo de Auschwitz-Birkenau

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es



Fue el escritor y poeta peruano César Vallejo (1892-1938) quien dijo en su poema ‘Los heraldos negros’: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… / ¡Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios; / como si ante ellos la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma… / ¡Yo no sé!”/. Esa reflexión, expresada en 1918, encaja perfectamente en el sentir de los seres humanos que aún recordamos los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

En varias ocasiones nos hemos referido a un libro que trata el tema y relata numerosas historias de prisioneros que padecieron el holocausto a manos de los alemanes que arrasaron pueblos durante ese conflicto bélico. Esa obra se titula ‘Treblinka’ y su autor es Vasili Grossman. Pero con el mismo fondo trágico se han escrito muchas novelas testimoniales, entre ellas ‘Armagedón’, de Leon Uris, ‘La lista de Schindler’, llevada al cine por Steven Spielberg y ‘El Diario de Ana Frank’. Últimamente hemos leído ‘La ladrona de libros’, de Markus Zusak, publicada en el 2018. Al cine han pasado otros tantos relatos, todos con igual patetismo, como ‘El pianista’ y títulos de igual importancia.

Este largo preámbulo nos sirve para recordar a los lectores que el pasado 27 de enero se cumplió un aniversario más de la liberación del campo de Auschwitz por los soldados soviéticos. Corría el año 1945, que habría de ser el último de la devastadora guerra. Aunque el campo de exterminio de Auschwitz es el más mencionado, existieron otros con igual finalidad; era tanta la cantidad de prisioneros que las fuerzas nazis habían subyugado en su demencial idea de dominio universal, que necesitaron ampliar sus instalaciones iniciales y crear además otros centros de reclusión. El de Dachau ya existía desde1933. Hablaremos solo de Auschwitz.

El campo funcionó en la Polonia ocupada por Alemania, en una extensión de cuarenta kilómetros cuadrados. Constaba de tres instalaciones construidas entre 1940 y 1942. Incluía un centro de exterminio. A los prisioneros que no eran enviados directamente a las cámaras de gas se los destinaba a trabajos forzados. Se calcula que murieron 1.100.000 personas. Una sección del vasto complejo era el campo Birkenau, llamado Auschwitz II. Allí se encontraban las cámaras de gas. Aunque generalmente se piensa que los prisioneros eran todos judíos, los alemanes ejecutaron también polacos no judíos, romaníes (gitanos), homosexuales, prisioneros de guerra soviéticos y personas de otras nacionalidades.

En el Edificio o Barraca 10 de Auschwitz funcionaba un hospital en el que los médicos de la SS hacían experimentos genéticos con niños, enanos y gemelos. El más conocido de estos médicos fue el doctor Josef Mengele, cuya historia fue tomada como argumento para la película ‘Los niños del Brasil’.

Birkenau estaba dividido en diez secciones separadas por cercas de alambres de púas, electrificadas. Además, la guardia utilizaba perros para perseguir a los prisioneros que intentaran huir. Un testimonio tomado de la Enciclopedia del Holocausto, dice: “Con las deportaciones provenientes de Hungría, el papel de Auschwitz-Birkenau en el plan alemán de asesinar a los judíos europeos alcanzó su mayor eficacia.

Entre finales de abril y principios de julio de 1944, aproximadamente 440.000 judíos fueron deportados de Hungría. De los casi 426.000 judíos húngaros deportados a Auschwitz, aproximadamente 320.000 fueron enviados directamente a las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau”. Hitler concibió y puso en práctica estos campos para llevar a cabo su plan llamado “Solución final a la cuestión judía”. Se cumplía, finalmente, el lamento del poeta César Vallejo: “Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas / o los heraldos negros que nos manda la Muerte”/.


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