Escribir una buena novela no es fácil

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es



Escribir una novela no es una labor fácil. A manera de anécdota y a la vez de ilustración para este artículo, traemos a colación una situación real.
En la entrevista para ingresar al programa de Lenguas Modernas en una universidad, un joven de diecisiete años expuso ante sus examinadores lo siguiente: “Deseo estudiar esta carrera porque me gusta la literatura. Ya tengo terminadas tres novelas”. Los jurados lo dejaron explayarse en sus opiniones y más que todo desahogarse emocionalmente. ¡Estaban frente a un novelista precoz! A continuación dedicaron más tiempo del establecido para ese tipo de selección, pues había que elogiar el entusiasmo del incipiente escritor, pero al mismo tiempo hacerle ver lo complejo que es escribir una novela. Los miembros del jurado le informaron que Gabriel García Márquez, para estructurar su novela ‘Cien años de soledad’ tardó diecisiete años, hasta cuando encontró el tono de la obra y los secretos que convirtieron a ‘Cien años de soledad’ en la magnífica narración que conocemos.

Muchos escritores conciben una idea y comienzan de inmediato a trabajar en ella; pero no siempre terminan la novela que habían pensado y convierten fragmentos en relatos cortos o en cuentos. Honorato de Balzac, por ejemplo, pensó en grande cuando inició la escritura de ‘La comedia humana’. Sin embargo, muchos de sus pasajes son conocidos como obras menores, independientes: ‘Papá Goriot’, ‘Eugenia Grandet’ y ‘La pensión Vauquer’, entre otras. En García Márquez, de igual manera, ‘La mala hora’ y hasta ‘El coronel no tiene quien le escriba’ nos pasean por el ambiente de ‘Cien años de soledad’.

Otro aspecto que podemos destacar en la escritura de obras narrativas es el paso de un subgénero a otro. Por ejemplo, escribir una novela de aventuras y luego publicar otra sicológica, con igual éxito en ambos trabajos. Es el caso de Robert Louis Stevenson. Hablemos de él, porque el 13 de este mes se cumple un aniversario más del nacimiento de este escritor, poeta y ensayista.

Robert L. Stevenson, nacido en Edimburgo, Escocia, Gran Bretaña, en 1850, es conocido por dos novelas, principalmente: ‘La isla del tesoro’ (1883) y ‘El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde’ (1886). Escribió otras obras, entre ellas ‘La flecha negra’ (1886) y ‘El señor de Ballantrae’ (1889). ‘La isla del tesoro’ es una novela de aventuras narrada por un muchacho, Jim Hawkins, hijo de una mesonera en una aldea inglesa. Como en todas las novelas de esta clase, no faltan las riñas entre piratas por conseguir el tesoro enterrado en una isla remota. El mérito de Stevenson radica en la sabia mezcla de realidad y fantasía. Con una prosa fluida y atrayente el autor enlaza lo grotesco con lo terrible. ‘La isla del tesoro’ acapara la atención del público infantil pero, por la sabia conducción de la trama, también cautiva al público erudito. Pasó Stevenson del relato de aventuras a un tema sicológico.

Tres años después de la aparición de ‘La isla del tesoro’ el autor publicó ‘El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde’. Esta novela hizo familiar en todo el mundo el concepto de esquizofrenia. En la narración, el doctor Jekyll parte del supuesto de que el hombre no es realmente uno sino dos, por existir en él una doble naturaleza, buena y mala, cuyas manifestaciones luchan en el campo de la conciencia. El doctor Jekyll se propone separar ambos elementos para que cada personalidad siga su camino sin interferir en el comportamiento de la otra.


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