Una Santa Marta sostenible

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Indica sostenibilidad, la satisfacción de las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer las suyas, garantizando el equilibrio entre crecimiento económico, cuidado del medio ambiente y bienestar social.
De aquí nace la idea del desarrollo sostenible, como aquel modo de progreso que mantiene ese delicado equilibrio hoy, sin colocar en peligro los recursos del mañana. ¡No debemos olvidarnos del futuro! De aquí se desprende conceptos tales como sostenibilidad ambiental, que pone el acento en preservar la biodiversidad sin tener que renunciar al progreso económico y social; sostenibilidad económica, encargada que las actividades que buscan la sostenibilidad ambiental y social sean rentables; y, sostenibilidad social, que busca la cohesión de la población y una estabilidad de la misma. En definitiva, la sostenibilidad y el desarrollo sostenible funcionan siguiendo el principio de que no se pueden agotar los recursos disponibles de forma indiscriminada, ya que hay que proteger los medios naturales y todas las personas deben tener acceso a las mismas oportunidades.

Nos lleva esto a pensarnos como una ciudad sostenible, de por sí algo positivo; es estar en capacidad de ofrecer calidad de vida sin poner en riesgo los recursos, velar por el bienestar de la humanidad futura y procurar justicia social. En este derrotero, surgieron en el año 2016 los diecisietes (17) Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que proponen la adopción de medidas para acabar con la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad, en lo que deben concurrir la vinculación gubernamental, sector privado, sociedad civil y comunidad toda.

Contemplan igualmente, los espacios urbanos como objetivo prioritario e inclusivos, seguros y sostenibles, debido al aumento de los procesos de urbanización de forma paralela al incremento de la población mundial. Hoy, más de la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas y, en 2050, se prevén 6.500 millones de personas. No se puede, nos dice la Organización de Naciones Unidas (ONU), alcanzar un desarrollo sostenible sin transformar radicalmente la forma en que se construyen y administran los espacios urbanos. Por eso, los ODS serán la fórmula que permita evaluar si una ciudad es o no sostenible y, si tiene o no futuro.

¿Cómo nos sabremos una ciudad sostenible? Pues todo cuenta: desde el precio del abastecimiento de agua a los hogares hasta el uso del transporte público, el acceso a un empleo decente, la tasa de población con educación secundaria, las muertes por diabetes o la agricultura ecológica, debiendo desarrollarse en consecuencia y entre otros, políticas activas de crecimiento sostenible con resultados notables en salud y bienestar, agua limpia y saneamiento, producción y consumo responsables, Paz, justicia e instituciones sólidas y alianzas para lograr los objetivos, en lo que importan compromisos con la cooperación al desarrollo, la adopción de medidas para fortalecer el reciclaje de residuos, la gestión del agua y los índices de transparencia municipal, a lo que sumarse deben movilidad social y calidad de vida (personas), entorno empresarial y desempeño económico (beneficios) y gestión del uso de energía, contaminación y emisiones (planeta).

Es la sostenibilidad algo más que un concepto de moda; es una de las claves principales para el desarrollo de la humanidad y su futuro, de ahí que obligados estemos a aplicar políticas que nos pongan en la categoría de ciudad sostenible, ojalá más temprano que tarde y más pronto que después.

Para reflexionar: “Procuremos siempre que nuestros actos o sucesos de la vida dejen una huella verde en nuestro camino”.


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