Festival de Woodstock: solo amor y paz

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es



Cuando se habla de música rock y de los hippies en el mundo es inevitable referirse al Festival Musical de Woodstock, realizado en 1969 en los Estados Unidos. Ese año llegó el hombre a la luna y puede decirse que la década estuvo llena de avances tecnológicos y científicos para la humanidad. Pero también asociamos esos años con el horror de la Guerra de Vietnam. Este conflicto bélico fue sin duda uno de los ingredientes determinantes del descontento de una generación que desde antes vivía en estado de angustia existencial.

De la Guerra de Vietnam recordemos lo siguiente: Sus antecedentes se remontan a 1959, años después de que Francia perdiera el dominio sobre este vasto territorio, al final de la II Guerra Mundial. Desde esa época el país se dividió en Vietnam del Norte y Vietnam del Sur, con ideologías comunista e imperialista, respectivamente. Las constantes luchas internas convirtieron en irreconciliables a estos dos sectores. Como siempre –y esta vez para su desgracia– los Estados Unidos decidieron intervenir.

En 1964 el presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, ordenó el bombardeo de Vietnam del Norte. Más tarde, en 1968, el presidente Richard Nixon prometió retirar sus tropas de Vietnam; en 1970 los Estados Unidos y Vietnam del Sur invadieron a Camboya y en 1972 los estadounidenses reiniciaron el bombardeo. En 1975 el Frente de Liberación Nacional de Vietnam del Norte tomó la ciudad de Saigón, capital de Vietnam del Sur. Las tropas de los Estados Unidos se retiraron derrotadas y la Guerra terminó el 30 de abril de 1975. En 1976 se unificó Vietnam como República Socialista de Vietnam.

Todos estos hechos pesaban en el ánimo de una juventud que exigía no más violencia: solo amor y paz. Esta nueva generación transformó al mundo con sus visiones culturales y artísticas; los jóvenes empezaron a refrescar un universo gris que estaba lleno de odio, divisiones y discriminación y ante todo surgió el movimiento hippie: la contracultura. La libertad y el pacifismo fueron las claves de todo lo que sucedió en esos años, cuando repercutían aún los ecos de los Beatles y estaba fresco el recuerdo de Mayo del 68.

Esa nueva ola, hastiada e invadida por un infinito deseo de cambiarlo todo, buscó y encontró una salida temporal a su desencanto en el Festival de Woodstock. Fueron tres días frenéticos de música. Su lema así lo anunciaba: “Tres días de paz y música”. Si acudimos a los datos conocidos sobre este concierto sabremos que asistieron cerca de 500.000 personas, aunque unas 250.000 no pudieron llegar al sitio. Los hippies llevaban melena larga y amuletos; las chicas, faldas de colores. Sus símbolos eran la bandera del arco iris y el símbolo de la paz. Woodstock se realizó en una granja de 240 hectáreas en Bethel, condado de Sullivan, estado de Nueva York. Durante el concierto hubo 32 actos o presentaciones. Para que nos hagamos una idea de la magnitud del evento tengamos en cuenta estas cifras: los organizadores pensaron que no asistirían más de 60.000 personas; la policía encargada de garantizar el orden estimó que tendría que lidiar con 6000 y finalmente asistieron más de 400.000. Fue una celebración pacífica.

En el escenario estuvieron músicos de renombre mundial: Carlos Santana, guitarrista mexicano; el grupo británico Led Zeppelin y el guitarrista estadounidense Jimmi Hendrix, de quien se dice que llegó a Londres en 1966 y se dio a conocer en menos de 24 horas cuando apenas ensayaba con su guitarra. En Woodstock tuvo su turno el tercer día del concierto y, sin haber dormido, enloqueció a la multitud con su presentación.


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