Desafíos para el POT de Santa Marta, una ciudad de casi 500 años. La visión territorial ¿De azul celeste a color castaño?

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¿El trasluz de un “Territorio Natural, Ancestral y Cultural armónico” pretende palidecer la distinción del Distrito Turístico, Cultural e Histórico?

El cambio que encubre el nuevo modelo territorial no sorprendería cuando desde antes se suprimió el azul celeste y se atiborró la simbología de la ciudad con un color extraño. Con algunas secuencias y comparaciones matizaré estas reflexiones:

De Distrito Turístico a “Territorio Natural”. Entran aquí la conservación ambiental y la actividad económica. Si bien, en realidad, no hay nada novedoso en el sistema distrital de áreas protegidas que plantea el nuevo POT, el cual proviene del plan “Jate Matuna”, aún vigente, si brotan tratamientos diferenciales.

Tras el imperativo de evitar la sequía que hoy impera, en 1999, se creó el “Complejo Ambiental Suhagua”, transmutado ahora a “Parque Ecológico Suhagua”, pero mantenido la delimitación y función original. En aquella ocasión también se crearon los otros parques distritales del contorno urbano de la ciudad para mantener el equilibrio ecológico y la conexión entre la Sierra y el mar. Si bien no se les cambia el nombre, ahora estos ecosistemas sí se pretenden afectar con la edificabilidad, las densidades y tratamientos de consolidación urbanística en la cota media-alta, sin precisar las zonas de amenazas y riesgos, inclusive.

En cuanto a lo segundo, el nuevo POT aminora la propulsión del turismo como principal actividad económica, o vocación reglada por la Constitución. Esta desviación se nota al lado de una logística industrial y portuaria que descuella entre los propósitos estructurantes del modelo territorial, o mientras se potencializan cultivos de café, banano y otros importantes, aunque menos representativos, y más aún, cuando se desdibuja el ecoturismo de la oferta local y se sustraen las playas del Parque Tayrona como parte de los atractivos turísticos de la ciudad. Además, que, este POT carece de garras para gestionar compensaciones o beneficios materiales por la explotación económica que la Nación hace de los parques nacionales naturales del área rural, en un Distrito afectado por el desempleo, la informalidad y la pobreza.

De lo Cultural a lo “Ancestral”. Aquí me concentro en lo ancestral, y lo cultural lo tomaré más adelante, para expresar que, de forma contradictoria, por un lado, el nuevo modelo territorial instituye el carácter ancestral en el desarrollo de Santa Marta, pero, por otro lado substrae de los activos locales a “Ciudad Perdida” y el “Pueblito, entre otros integrados hasta ahora al patrimonio arqueológico y a los atractivos culturales de la ciudad.

Del mismo modo el nuevo POT despliega un “Sistema Cultural Ambiental Ancestral”, al lado de la institucionalidad legal. Desde esa mixtura asoman desde ya conflictos en las competencias institucionales y en las afectaciones del suelo que converge con la llamada “Línea Negra” en zonas de desarrollos urbanísticos consolidados, en la franja costera, y en las áreas de conservación.

Y en tercer término, lo Histórico sucumbe ante lo “Cultural armónico”. La condición histórica también queda atenuada a pesar de que el nuevo plan vende el lema de los 500 años de fundación de la ciudad. Además, mientras se afianza como imperativo el respeto por la cosmovisión indígena no se percibe la misma entereza alrededor del respeto de los otros grupos socioculturales del Distrito.

Sin distingos ni preferencias, quinientos años de historia constituyen un horizonte de tiempo suficientemente extenso para comprender y propiciar la presencia de actores diversos, congregados y asentados en esta histórica ciudad, en donde debemos caber todas y todos. Acaso, ¿Para quiénes se formuló este POT?


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