Sobre “El diario de Ana Frank”

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es



Entre las obras literarias recomendadas a los jóvenes para una lectura constructiva citamos hoy “El diario de Ana Frank”. Sobre esta corta narración se procede al análisis de su contenido en busca de elementos asociados con la sicología, aunque la convivencia de la autora con otras personas en un espacio reducido puede ser motivo para buscar también en el pequeño diario datos relacionados con la sociología.
En el caso de Ana Frank es necesario tratar de compenetrarse con los sentimientos de una adolescente que se ve inmersa en una situación deprimente para un ser humano y mucho más para una niña. A partir de las notas consignadas por Ana Frank en sus cuadernos, el lector reconstruye una vida marcada por la desgracia. Ella no se desenvuelve en un ambiente normal para una persona de su edad: su entorno es excepcional y su existencia, traumática.

Hablemos de Annelies Marie Frank, conocida como Ana Frank. Nació en Francfort, Alemania, el 12 de junio de 1929. Por su ascendencia judía pasó con su familia más de dos años huyendo de los nazis en Amsterdam, Países Bajos, durante la Segunda Guerra Mundial. Ese tiempo vivió oculta en la parte posterior de un almacén, lugar que ella llamó “el cuarto de atrás”. Precisamente con ese nombre fue publicado originalmente el texto que hoy conocemos como “El diario de Ana Frank”, escrito entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944, fecha en la que fue capturada por los alemanes. Los originales del Diario fueron escritos en tres cuadernos que su padre, Otto Frank, rescató a la muerte de Ana; los organizó y en 1947 apareció la primera edición. Además de los Frank había otra familia en el refugio; en total ocho personas, entre ellas un dentista.

El relato es la historia de Ana Frank como adolescente y los dos años en los que permaneció oculta de los nazis. Está impregnado por el miedo a la captura y las incomodidades propias del encierro y expresa sus deseos de convertirse en periodista o escritora; con esa finalidad comenzó a escribir una novela. Esas aspiraciones terminaron cuando la familia Frank fue delatada por unos vecinos y llevados a diferentes campos de concentración. Otras fuentes afirman que no hubo tal denuncia y que las autoridades encontraron a la familia Frank por casualidad, cuando buscaban a unos contrabandistas del mercado negro. Ana fue enviada, junto con su madre Edith y su hermana Margot, a Auschwitz-Birkenau; allí falleció la madre. Ana y su hermana fueron trasladadas al campo de concentración Bergen-Belsen, en el norte de Alemania, donde ambas murieron de tifo en 1945, dos meses antes de que el campo fuera liberado, en mayo, por las tropas de los Aliados.

La lectura de El diario de Ana Frank nos deja una enseñanza. Sobre todo, merece una disposición de ánimo del lector, puesto que lo narrado hace parte de un hecho que, aunque haya pasado por el tamiz de la autora, nos remite a los horrores del “Holocausto nazi”, realidad que de vez en cuando pretende negarse o, por lo menos, atenuarse. Después de setenta y cinco años del final de la Segunda Guerra Mundial, obras como “El diario de Ana Frank”, “La lista de Schindler”, “El pianista” y otras nos obligan a reflexionar sobre el carácter destructivo del ser humano, incontenible depredador de su propia especie.


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