‘El Principito’ es para todos

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es



Suponemos que nos queda tiempo libre para leer o releer algunas obras que teníamos relegadas por diversas razones. Hoy proponemos un relato que cada vez que se lo analiza sale victorioso y se fortalece más como sencillo ejemplo de razonamiento.
Se trata de la producción más conocida de Antoine de Saint-Exupéry: ‘El Principito’. En los planes de estudio de la educación media esta narración corta es casi de obligatoria lectura.

‘El Principito’ no es un cuento más en medio del vasto campo de la literatura. Se lo considera una alegoría, es decir, una cadena de metáforas con sentido profundo que no siempre es fácil de advertir. Por eso compartimos la opinión de quienes sostienen que “cada opinión es una verdad desde su punto de vista. No hay una sola forma de interpretar las cosas ni nadie puede decir qué es lo correcto o cómo se tiene que interpretar tal o cual cosa”. No es necesario mirar más allá de nuestro entorno para comprobar la sensatez de ese aserto. Por eso –con lógica infantil pero válida– el pequeño príncipe nos convence de que uno de sus dibujos representa a un elefante dentro del vientre de una serpiente mientras que los adultos solo ven la silueta, sin importancia, de un sombrero grande.

‘El Principito’ fue escrito en un hotel de Nueva York y se publicó por primera vez el 6 de abril de 1943, en los Estados Unidos. Entre las enseñanzas que el autor quiso perpetuar a través de su personaje se destaca la siguiente: “Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”.

Como ocurre con ‘El túnel’, ‘El viejo y el mar’, ‘Tom Sawyer’ y otras obras literarias, la vida de sus autores pasa inadvertida, como si los cuentos y las novelas surgieran de la nada. Por esa razón hay que resaltar datos importantes del escritor que nos ha dado a conocer ‘El Principito’. Antoine de Saint-Exupéry nació en Lyon el 29 de junio de 1900; además de escritor fue piloto de guerra. Vale la pena mencionar otras novelas suyas: ‘El aviador’, ‘Piloto de guerra’ (Pilote de guerre) y ‘Vuelo de noche’ (Vol de nuit). Ganó varios premios literarios con ‘Tierra de hombres’ (Terre des hommes), pero su fama la debe a ‘El Principito’ (Le petit Prince). Aunque primero fue piloto civil, de correos, logró que la aviación francesa lo enrolara para cumplir misiones en la Segunda Guerra Mundial. Lo derribó un bombardero nazi el 31 de julio de 1944. Este dato es importante porque acaba con la creencia de que el escritor pudiese haber sobrevivido y, como el personaje de su famoso cuento, se hubiese convertido en morador solitario en un territorio remoto. El alemán que abatió su avión, afirmó: “Vi sus insignias tricolores y maniobré para instalarme a su cola y derribarle”. Los restos del Lightning P38 se perdieron en el fondo del mar.

Cuando abordamos el tema de la literatura infantil generalmente nos referimos a obras escritas para niños. Sin embargo, lo correcto sería asignar esa denominación a escritos producidos por niños como resultado de su imaginación. Aceptadas así las cosas, tendríamos que calificar a ‘El Principito’ como una novela para niños por su lenguaje sencillo, pero también para adultos, pues no puede soslayarse el profundo contenido filosófico que encierra.

Por razones conocidas, tendremos mucho tiempo libre. Recomendamos a los niños y jóvenes la lectura de “Juan Salvador Gaviota”, fábula del autor estadounidense Richard Bach. Es un relato que, con lenguaje metafórico, ayuda al crecimiento personal y guía al adolescente en la necesaria búsqueda de la superación.


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