Sobre “Cuatro años a bordo de mí mismo”

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es



En estos días de cuarentena parece que tuviésemos tiempo para todo. No hay un rigor estricto para desarrollar nuestras actividades y los horarios no los impone nadie. Eso es bueno, pienso, pero si no somos disciplinados, al final del confinamiento llegaremos a la decepcionante conclusión de que no aprovechamos convenientemente estas vacaciones forzosas. Una forma de volver útil ese tiempo es dedicarnos a la lectura. Para tal fin, a manera de consejo propongo la novela “Cuatro años a bordo de mí mismo”, del escritor colombiano Eduardo Zalamea Borda. Fue escrita en 1934.

Desatacados escritores, muy pocos, han sacado a flote las características de la Guajira colombiana. La idiosincrasia del habitante de la Península no se compara con la del resto de colombianos. El escritor Isaac López Freile, abogado riohachero del siglo pasado, nos dejó su novela “La casimba”. El doctor Luis F. Robles (“El Negro” Robles) escribió piezas oratorias durante su paso fulgurante por el congreso de la República. Autores más recientes se han preocupado por dejar constancia ―como grito que el Estado se niega a escuchar— de las precarias condiciones de vida y el marginamiento sempiterno en el que se debate esta vasta región colombiana. Muy loables todas estas obras que, sin embargo, no han tenido el brillo de “Cuatro años a bordo de mí mismo”.

En la asignatura Teoría literaria, del programa de Lenguas Modernas de la Universidad del Magdalena, analizábamos la forma y el contenido de esta novela. Su riqueza literaria no tiene comparación en cuanto se refiere a relatos costumbristas. Los estudiantes identificaban por lo menos cincuenta y tres de las llamadas figuras literarias o recursos del lenguaje. La metáfora, entre otros tropos, recorre de principio a fin esta novela. Toda la novela es una sola metáfora continuada, es decir, una alegoría. Hay que reconocer que “Cuatro años a bordo de mí mismo” es el relato más realista de todos. Y llama la atención que sea un escritor bogotano quien plasme en una obra genial la esencia del guajiro. Además, con solo diecisiete años de edad Eduardo Zalamea confrontó la realidad que lo rodeaba en la capital del país con la inhóspita y desértica guajira. Sin entrar al análisis de la obra, cabe señalar que a esa edad temprana Zalamea fue nombrado para desempeñar un cargo administrativo en las salinas de Manaure. Durante cuatro años convivió con habitantes de soleados parajes y participó de costumbres totalmente ajenas a su modo de ser. El título de su novela no podía ser otro, puesto que estuvo a bordo de sí mismo en esa experiencia personal. Sin duda tuvo la influencia del irlandés James Joyce y de su novela sicológica “Ulises”; el francés Marcel Proust también lo marcó literariamente. Por ellos conoció el monólogo interior.

En un principio la novela fue tildada de pornográfica. Solo varios años más tarde comenzaron a descubrir en ella el lenguaje lleno de metáforas con el que fue escrita; coincidieron entonces en reconocer que es una nueva forma de percibir la realidad. Esta novela está narrada en primera persona y da carácter de personaje al paisaje, que está presente en todo momento.

En el periodismo Eduardo Zalamea utilizó como seudónimo “Ulises”, en homenaje a Joyce y no al personaje mítico de Homero. Perteneció al grupo literario llamado Los Nuevos. La intención de Zalamea siempre fue la de “modernizar las artes y las letras en Colombia, en sintonía con el mundo”. Fue Secretario de la Delegación Colombiana ante la Sociedad de Naciones. Director del Archivo Nacional. Jefe de redacción del periódico El Liberal. Como Director del Suplemento de El Espectador descubrió la capacidad narrativa de Gabriel García Márquez.


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