Aclaración necesaria

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

El jueves de la semana pasada, Estados Unidos dio de baja al terrorista iraní Soleimani.
Un personaje oscuro culpable de la muerte de miles de estadounidenses y de miles de inocentes de otras nacionalidades. Su labor era cimentar la influencia regional de Irán dando apoyo a sus simpatizantes y conduciendo acciones terroristas contra Occidente y sus aliados.
La muerte de Soleimani generó ansiedad en todo el mundo porque la posibilidad de una confrontación militar abierta entre los países en cuestión se convirtió en una posibilidad mucho más cercana. Soleimani era considerado un héroe y una leyenda en Irán, y es probable que Irán responda militarmente al asesinato de su hombre fuerte.
Nadie en Occidente llora la muerte del terrorista, pero el miedo a una guerra ha hecho que los aliados de los Estados Unidos pidan mesura, temperancia y un manejo diplomático a la crisis. El miedo a las consecuencias de una guerra con Irán y a sus posibles consecuencias no puede convertirse en la razón única para dejarse chantajear por el régimen iraní, y hacerse el de la vista gorda mientras lleva a cabo sus actividades terroristas, financia guerras asimétricas en la región, hace todo lo posible para obtener armas nucleares.
Es iluso pensar que la política de apaciguamiento va a funcionar, cuando la realidad es que por este camino es inevitable que se llegue a la confrontación militar solo que mucho más tarde y quizás con armas nucleares. Por esto, y por muy aterradora que parezca la situación, es mejor una guerra ahora que más tarde.
El filósofo alemán Hegel cuando escribió sobre el hombre natural y de cómo se llegó a la situación de amo-esclavo u opresor-oprimido, aventuró la hipótesis de que se debió a que en la lucha inicial, el amo estuvo dispuesto a dar la vida y el esclavo no y por esto este último se rindió y aceptó la condición de esclavo. Esto explica el control que unos pocos pueden ejercer sobre masas. En conclusión, la libertad exige perder el miedo a morir. Este pensamiento llevado al contexto que nos entretiene, nos muestra que la única forma de evitar el chantaje de Irán o de cualquier otro país, es estar dispuestos a irse a guerra sin importar las consecuencias. Los pacifistas se suscriben a la mentalidad de esclavo y por esto a toda costa le apuestan al apaciguamiento.
Debido a la inminencia de ataques terroristas contra los intereses estadounidenses coordinados por Soleimani, era una necesidad para los Estados Unidos hacer lo que hizo. Si a esto se le suman las múltiples provocaciones recientes de Irán y la respuesta prudente de Estados Unidos a pesar de la retórica belicista de Trump, entonces se entiende la acción militar; es obvio que la contención mostrada por Trump fue interpretada como debilidad y miedo. Para detener las provocaciones era necesario dejarle claro al régimen iraní que Estados Unidos estaba dispuesto a pelear hasta las últimas consecuencias. Irán estaba tan convencido del miedo de los Estados Unidos y de que se tragarían los sapos, que Soleimani se sentía seguro yendo a Iraq a hacer de las suyas prácticamente a plena luz del día. Era inaplazable aclarar el mensaje de manera inequívoca.
Era necesario también enviarle un mensaje al dictador Norcoreano, a Maduro y a todos aquellos que han confundido la prudencia y la contención con debilidad y miedo. Queda en evidencia que la posición estadounidense de no intervención en los asuntos de otras naciones es honesta. Es decir, y por dar un ejemplo, si hubieran querido sacar del medio a Maduro con argumentos militares, ya lo hubieran hecho. No es que no puedan, es que no quieren.
Todos esperamos que la situación no pase a mayores, pero es un riesgo que hay que asumir si queremos evitar una conflagración nuclear en unos años. Sin importar que, el mundo sin Soleimani es un mundo mejor.

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