F. Scott Fitzgerald y “El gran Gatsby”

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es



Francis Scott Fitzgerald nació el 24 de septiembre de 1896 en Saint Paul, Minnesota, Estados Unidos. Es considerado uno de los grandes autores clásicos estadounidenses y máximo exponente literario de la era del jazz y los felices años veinte de ese país. Descendiente de inmigrantes irlandeses.
Educado en un ambiente familiar católico. Cursó estudios superiores en Princeton. Combinó romanticismo y tragedia con la crítica satírica de la sociedad estadounidense de su época. Su primera novela fue “A este lado del paraíso”, con la que consiguió gran fama; la edición se agotó en tres días.

Era 1920, tiempo de posguerra, cuando el dinero corría a torrentes; la ambición de los jóvenes y la búsqueda de diversiones no tenían límites. En la década de los años veinte se trasladó a Francia y allí se relacionó con Ernest Hemingway, Thomas S. Eliot y Gertrude Stein, entre otros escritores famosos. Perteneció al grupo literario conocido como ‘La generación perdida’, en la cual se incluye a Hemingway. En París, que vivía un momento brillante de la literatura, escribió su obra cumbre: “El gran Gatsby” (1925), en la cual cuenta la historia de un hombre que se enriquece durante la Ley Seca y mientras añora a su amor perdido construye a su alrededor una falsa fachada de aristócrata. Después de esta novela Fitzgerald continuó escribiendo cuentos y libros exitosos como “Suave es la noche” (1934).

En cuanto a “El gran Gatsby”, la narración hace referencia al misterioso joven millonario Jay Gatsby. Esta obra explora los temas de decadencia, idealismo, resistencia al cambio y agitación social. Ofrece una historia crítica de los Estados Unidos de los años veinte, esa época conocida por la prosperidad económica sin precedentes, la evolución de la música jazz, el contrabando y otras actividades criminales. Ha sido descrita como una advertencia con respecto al llamado ‘sueño americano’.

“El gran Gatsby” no tuvo gran acogida al momento de su publicación. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial hizo parte del plan de estudios de la escuela secundaria en los Estados Unidos y tuvo numerosas adaptaciones teatrales y cinematográficas en los años siguientes. En el 2008 era frecuente leer carteles con el anuncio “no hay boletas” antes de la presentación de la obra “Gatz” de Fitzgerald. La pieza teatral era leída en el escenario durante siete horas continuas. Actualmente se la considera un clásico de la literatura estadounidense. En 1998 una editorial la nominó como la mejor novela norteamericana del siglo XX y la segunda mejor novela en idioma inglés del mismo período.

En la última década de su existencia (1930-1940) el autor que fuera amo absoluto de la literatura estadounidense se derrumbó por completo. Su propia vida tiene algo de moralizante: después del exceso y el éxito del joven prodigio literario llegó la brutal caída, hasta el extremo de terminar en Hollywood menospreciado por la industria del cine. Pero ya estaba consolidada su condición de mito, de leyenda.
Fitzgerald estaba casado con Zelda Sayre, quien murió en el incendio de la clínica para dementes donde estaba recluida. El escritor nunca pudo superar esta tragedia. Falleció en Hollywood el 21 de diciembre de 1940 después de un ataque al corazón.

Sobre Fitzgerald se ha escrito mucho. Han sido motivos para ello sus juergas, su ruina, su generosidad con los colegas. Un pensamiento analítico suyo le sirvió para el inicio de “El gran Gatsby”: puso en labios del narrador de la historia el consejo que dice: “Cuando pienses en criticar a alguien, solo recuerda que toda la gente en este mundo no ha tenido las ventajas de las que tú has gozado”. Un año después de la muerte de Fitzgerald, el escritor John Dos Passos afirmó: “La celebridad ha muerto. El novelista perdura”.


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