Burla continua

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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

e-mail: carlospayaresgonzalez@hotmail.com



Se ha usado tanto el término "participación comunitaria" que ha quedado por el uso y el abuso comprimido a su más mínima expresión.

El concepto ha sido desvirtuado, degenerado, trastocado, transmutado, etcétera, en manos de los burócratas autoritarios, prepotentes y vanidosos, para convertirlo en una bagatela demagógica en nombre de la democracia.

Una burla continua o una engañifa vulgar que por desgracia cuenta con el apoyo de muchos de los que dicen representar a las comunidades más expoliadas y desprotegidas.

Acabo de asistir a una "audiencia pública" promovida por el Concejo Municipal de Ciénaga, cuyo propósito era ofrecer "una oportunidad para que la comunidad cienaguera aportara sobre el estudio y la modificación del actual POT".

Sin embargo, la forma cómo se programó el acto, desdice del verdadero interés participativo: fue invitado el Alcalde para que expusiera sin límite alguno su propia visión del asunto.

Mientras que para la envanecida participación ciudadana sólo se concedían cinco minutos por persona. De esta forma se ocuparon varias horas en "informes oficiales", para que al momento de la participación de la manoseada comunidad la asistencia fuese raquítica y lógicamente la participación inefectiva. Y como siempre: todo terminó sin compromisos de las partes. Se le rindió altar al rito de la palabra inoficiosa.

Un desgaste paralizante que termina cloroformizando a los de por si aburridos. Se sufre entonces la aplicación de un modelo acartonado, en manos de un maestro de ceremonia petulante, que precisamente tiene cualquier propósito menos el de que la gente participe.

Una vez coronado el despropósito, salen los gobernantes a mostrar fotos o videos, famélicos en asistencia y participación, donde supuestamente se ha "formalizado" la participación ciudadana: un remedo de legitimidad social para encubrir toda clase de entuertos cotidianamente acometidos contra nuestras comunidades y territorio.

La verdadera participación ciudadana busca encontrar soluciones comunes, por medio de acciones compartidas, con propósitos transparentes.

Participar en realidad significa "tomar parte", "compartir", de modo que la participación es siempre un hecho social entre varios actores que se consideran válidos o representativos.

Es siempre una relación entre iguales aunque con papeles distintos. Quien busca de verdad la participación de las comunidades tiene que estar dispuesto a concertar.

Pero lo que se observa en Ciénaga, bajo el modelo administrativo del médico Gastelbondo García, es que la palabra oficial pesa más que la palabra de la gente. Actúa como un anacoreta que desconoce la voz del que dice representar: el pueblo que lo eligió en el primer cargo municipal.

Lo que se busca con este tipo de trucos es "legitimar" un cheque en blanco para poder actuar desembozadamente en beneficio de los patrimonialistas que hoy medran en el desvencijado Palacio de Gobierno.

La participación ciudadana significa "decidir junto con otros".

Es un derecho y al mismo tiempo un deber, un quehacer en la ciudad de la que todos somos parte, para intervenir en ella, defenderla y si es necesario cambiarla. La participación implica el reconocimiento constitucional y legal de que los fines del Estado se cumplen, entre otros, a través de la participación de todos los ciudadanos en las decisiones en la vida económica, política, administrativa y cultural de la nación. Participar es hacer el ejercicio legítimo como ciudadanos de nuestro deber de construir nuestro propósito como nación, región, ciudad y ejercer el control y vigilancia de la gestión pública.

Pero para que eso ocurra se necesita contar con gobiernos abiertos y receptivos, dispuestos a escuchar lo que los ciudadanos y ciudadanas les quieren transmitir para contribuir a mejorar la política y la gestión de los asuntos públicos.

Eso es participación ciudadana: la imprescindible participación de todos los hombres y mujeres que quieran implicarse en los problemas que les afectan, aportando puntos de vista, inquietudes y soluciones. Lo otro, lo acostumbrado, es pura engañifa con sabor a corrupción.

Como lo ha dicho Fernando Savater: "La política no es más que un conjunto de razones que tienen los individuos para obedecer o sublevarse".

La participación se encuentra ubicada entonces en el centro de esta encrucijada. Y, la sublevación, pareciera ser, la forma más digna de reclamar la participación de la gente consagrada en un Estado democrático. Lo demás es simple sometimiento.



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