Violencia de género

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Escrito por:

Eimar Pérez Bolaños

Eimar Pérez Bolaños

Columna: Opinión

e-mail: eimar.perez@unad.edu.co


Las sociedades humanas en su largo devenir histórico, dentro de sus dinámicas emergen diferentes discursos en torno a lo que consideran problemas o dilemas éticos que de alguna manera repercuten en la convivencia.
Pero también, estos discursos son producto de unos dispositivos políticos que en sí mismos buscan convertirse en instrumentos de control social, inhibiendo libertades que son constitutivas de grupos humanos culturalmente establecidos.

Ahora, teniendo en cuenta el título de esta columna parto de la sospecha de hasta qué punto la puesta en práctica de estos discursos emergentes en la sociedad contemporánea, generan otras formas de violencia y polarización. En dialogo interdisciplinario entre la filosofía y psicología intentaré generar grosso modo reflexión y perspectivas frente al tema a través de una plática con un amigo y colega de escuela en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia.

Con base en lo anterior, considero que las relaciones de poder no solo se dan entre las dinámicas económicas y políticas de las elites o a partir de las jerarquías derivadas de éstas, sino también por dichas relaciones de poder atraviesan la cotidianidad, es decir todo contacto con el otro. Es así, que cuasi que universalmente la relación entre hombres y mujeres están permeadas por comportamientos y actitudes hostiles en donde se enjuician las capacidades, habilidades, proyectos, etc. “tenías que ser hombre” “por ser mujer”, “los hombres no son capaces de…”.

Todas estas actitudes han promovido, movimientos académicos y discursos con el fin de minimizar unas prácticas que reflexiono son propias de nuestra condición natural y que están arraigadas a esa misma estructura biológica. Judith Butler filósofa norteamericana en su texto “el género en disputa” cita a su coterránea Catharine Alice MacKinnon referenciando que la violencia de género se irrumpe a través de las jerarquías sexuales: “Suspendida como si fuera un atributo de una persona, Ia desigualdad sexual adopta Ia forma de género; moviéndose como una relación entre personas, adopta Ia forma de sexualidad. El género emerge como Ia forma rígida de Ia sexualizaciòn de Ia desigualdad entre el hombre y Ia mujer”. (p.14).

Por el contrario, para Malcolm Vélez Camargo, psicólogo de la UNAD, siempre le interroga ¿Por qué la sociedad promulga que a las mujeres no se les pega ni con el pétalo de una rosa y por qué entonces los padres maltratan a sus hijos? En ese sentido, considera que la violencia de genero emerge en muchos casos como producto de la enseñanza en la mayoría de las familias que consideran que unos golpes a los niños son capaces de corregir conductas, pero que al fin y al cabo son formas de violencia traducidas en maltrato, que es en sí mismo es algo diferente a castigo, ya que este último si busca corregir una conducta mientras que el maltrato su propósito es herir.

Esto en el desarrollo psicológico de los niños puede ser proyectado a los demás en una edad adulta. En ese sentido la violencia de género es la forma de justificar ciertos tipos de maltrato (verbal, físico) que posteriormente se afianzan en las relacionas humanas por fuera y dentro de la familia.

En fin, el tema es abordado por distintas disciplinas, cada una asumiendo una posición. Sin embargo, para mí ha dado apertura a promover discursos dispares que afianzan la brecha entre hombres y mujeres, más que a promover consensos que permitan el reconocimiento de las diferencias naturalmente establecidas, además de una polarización a través de movimientos sexistas y la culturización de la segregación social. Es así, que urge la importancia de construir prácticas en las que se suscite unidad desde todos los movimientos emergentes mencionados.


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