La Realpolitik del amor

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

e-mail: tramosmancilla@hotmail.com

Twitter: @TulioRamosM



Pocas cosas en la vida revelan mejor el carácter de una persona como la manera en que enfrenta ese deber sagrado con la reproducción de la especie humana que comúnmente llamamos "el amor". Me refiero al amor de pareja, al de la intención romántica.

Evitaré hablar de los otros amores, tal vez más ciertos y significativos (el familiar, el que se siente por el prójimo, el que se profesa a Dios, a la naturaleza, etc.), por la simple razón de que los desconozco a profundidad. Y bueno, tampoco sé mucho del amor "romántico", pero, como el mismo es más conocido que los demás, al menos entiendo del tema lo que todo el mundo: el mínimo. Así pues, pese a la evidente banalidad de la cuestión que he escogido, hay un par de cosas que, sin embargo, debo expresar aquí, pues han sido objeto de mis pensamientos últimamente. Hoy quiero ser sincero.

Hay una canción -de un cantante pasado de moda- cuyo sonsonete más repetido siempre me ha llamado la atención, por lo verosímil: "Te enamoraste de ti cuando estás conmigo". Sí, es cierto…, el amor es egoísta, pero algunas personas llevan esta idea al extremo: son absolutamente incapaces de hacer sacrificios importantes por las personas que dicen amar. ¿Por qué? Pues porque, finalmente, no aman a nadie. ¿Por qué? Porque no saben amar.

¿Por qué no saben amar? Porque son buscadores de sensaciones, o sea, individuos que adolecen de eterna inmadurez, que son infantilmente ególatras, aunque incapaces de estar solos, y que sencillamente se desconocen a sí mismos; en resumen, no son más que perseguidores de placer, hedonistas -muchas veces irresponsablemente-, que además adoran culpar a los demás por las sucias consecuencias de sus disfrutados errores. Piden de la vida mucho más de lo que están dispuestos a dar.

Lo anterior me ha hecho pontificar sobre el tema, terco que soy, usando de mis polémicos conocimientos filosóficos, y así, puedo concluir lo siguiente: para algunos, las relaciones sentimentales que sostienen son verdaderas pugnas encubiertas, disputas entre ellos y sus infortunadas parejas: consecuencia lógica de la falsía sentimental, de la falta de personalidad, de la carencia de poder sobre sí mismos.

Y aquí viene el asunto central. Poder. Resulta increíble ver cómo, para los referidos, las relaciones de amor se convierten en -o siempre fueron- relaciones de poder, relaciones de política, y lo que es más, de política concebida en la peor de sus acepciones: la Realpolitik (política de la realidad, en alemán). Sí, esta fría concepción de las relaciones entre estados también se puede aplicar a los vínculos entre personas (no en vano los que inventaron la Realpolitik son tan gélidos como amorales). Según tal elaboración politológica, en suma, el que manda es el que tiene la fuerza para hacerlo.

Punto. Si aplicamos la misma fórmula a lo que digo, veremos que no está muy alejado de la lógica política citada el hecho de que, ante la ausencia de honestidad personal en sus relaciones, los que optan por tal vía suelen sentirse conformes con el papel, ya de dominador de su consorte, ya de sometido por el mismo, pues ven en ello la simple consecuencia de "la realidad" de la vida (la ley de la selva), cuando en verdad son los más ingenuos: el genuino amor es lo que más poder personal da a los seres humanos, y una vez estos experimentan ambos, no desean más dominar a nadie. Porque lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo. Dejar de sentir miedo es, entonces, el primer requisito para amar seriamente.



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