¿Soluciones al problema del agua?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Hacia mediados del siglo XIX, París carecía de agua una buena parte del año; principalmente tomada del Sena, que se secaba durante algunos meses, era insuficiente para atender las necesidades de la población; y la poca agua que llegaba, no era potable. La sed y las enfermedades hacían de las suyas. De la mano de Napoleón III y el barón Haussmann, la capital francesa vivió una transformación urbana que, además de dar origen a su característica arquitectura, resolvió el problema del suministro del agua. Adicionando a los depósitos subterráneos (dicen que París es por debajo como un gran queso Gruyere), el ingeniero Belgrand construye un acueducto de 600 kilómetros para el suministro de la capital y mantener así agua potable todo el año, y otro canal de agua no potable para la limpieza de las calles y el riego de los espacios verdes. Se obligó a todo el mundo a conectarse al gran alcantarillado, y aguas lluvias y servidas salen rio abajo del Sena, en Asnières. Estas dos redes, perfeccionadas en el curso de las épocas siguientes, siguen en uso activo.
Por esos mismos tiempos, Londres sufría el "Gran Hedor, o "La Gran Peste", como también le llamaron. El agua escaseaba dramáticamente, tanto que los niños eran obligados a calmar la sed con leche, cerveza y ginebra. La ciudad ejercía un control estricto sobre las pocas fuentes existentes; pero al Támesis caían las aguas negras y todos los desperdicios de los mercados. Lejos del rio, los pozos negros -diseñados inicialmente para recoger aguas lluvias- rebosaban hacia los desagües de las calles, transportando así vertidos procedentes de las fábricas, mataderos y otras actividades, contaminando la ciudad antes de descargar en el río Támesis. Cuando el cólera hizo estragos y el Gran Hedor invadió a la ciudad, las soluciones propuestas por la Cámara de los Comunes empezaron por cerrar esos pozos, desarrollar acueductos con agua tratada y potabilizada, además de alcantarillados a ambos lados del Támesis para evacuar las aguas residuales rio abajo.
Estas dos grandes ciudades presentaron problemas similares en circunstancias diferentes: mientras la capital francesa carecía de agua, la británica la tenía en exceso pero impotable. Cada una, a su modo, resolvió su situación, poniendo de inmediato en marcha un plan de choque para corregirla; hoy gozan de cantidades suficientes para suplir con profusión sus necesidades hídricas. En mi reciente columna "Morir de sed", exponía cómo Israel, en medio de un agobiante desierto cuenta con seguridad hídrica, confrontando la paradoja colombiana de la escasez de agua potable en medio de la abundancia del fluido.
Llegando a los 500.000 habitantes, con una importante población flotante que acrecienta durante las temporadas turísticas, el drama de la escasez de agua en Santa Marta se ve amplificado por la insuficiente arborización y la exigua cantidad de zonas verdes bien cuidadas. Las necesidades mínimas de agua oscilan por el orden de los 160 litros/habitante/día. Dicho de otro modo, 2,2 m3/seg en alta temporada, y 2 en condiciones normales; hoy sólo llegan 0,8 2,2 m3/seg. Más dramático aun: la mitad de sus fronteras está bañada por el mar Caribe, y la Sierra Nevada -hoy desolada por cuenta de la deforestación para cultivos ilícitos- irriga enormes cantidades de agua. En medio de la sequía se proponen soluciones diversas, pero no las necesarias y definitivas: carrotanques o pimpinas no resuelven el asunto. Se podría apelar a muchas técnicas: desalinización de las aguas marinas, ampliación del actual acueducto, extracción de aguas profundas, recuperación de aguas para uso agrícola e industrial, construcción de pequeños acueductos con aguas tratadas y potabilizadas para algunos sectores del distrito. Recursos hay muchos: en cualquier caso, solo se requiere de voluntad política, tal como sucedió con los ejemplos citados; en todos esos casos se llegó al punto del desespero, y la urgencia motivó las acciones remediales. Incluso, la Universidad de los Andes propone un tubo colector submarino que llevaría agua desde el río Magdalena hasta la ciudad, apoyándose en los ríos Toribio y Córdoba.
No importa. Una respuesta definitiva al problema es urgente, sea cual fuere la solución, y no da más espera. "Olvidamos que el ciclo del agua y el ciclo de la vida son uno mismo". Jacques Cousteau.

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