El suceso del año

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Escrito por:

José Lopez Hurtado

José Lopez Hurtado

Columna: Opinión

e-mail: joselopezhurtado13@yahoo.es



Colombia se merecía respirar aires refrescantes que le devolviera la esperanza, la que había sido ahogada en las tormentas envolventes de odios irreconciliables-muchos de ellos generados sin razón alguna-, y alimentados por estilos de gobierno corruptos y pendencieros.

Por ocho largos años, la violencia ancestral que han soportado los colombianos, se vio nutrida en especial, por un régimen que no hizo otra cosa que echarle más combustión a la hoguera, llevando al país a extremos de intolerancia insostenibles.

Santos que nació para gobernar, y para lo que se preparó toda la vida, interpretó cabalmente el momento histórico que tenía que moldear. Debía para atender ese llamado, consultar las reprimidas angustias de Colombia, auscultar el futuro y despersonalizar el ejercicio del poder político.

Ese es su gran mérito, el de haber tenido el suficiente valor civil para romper con un inmediato pasado-inclusive del que había formado parte-y el cual debía exorcizar inexorablemente para comenzar a entrar por la puerta grande de la Historia. Por lo menos esa es la percepción que-hasta ahora-brinda a propios y extraños.

Acompañado de un extraordinario equipo de gobierno se lanzó a la mayúscula tarea de recuperar la identidad perdida como pueblo y como Nación, náufraga en los mezquinos intereses de sus predecesores. Por eso, sin duda, constituye la revelación política del año que termina, no solo para los anales domésticos, sino para el mismo Continente.

La grave emergencia producida por el invierno que acabó con desvertebrar el mapa físico colombiano, es, hoy por hoy, la gran prueba que enfrenta su gobierno, pues es probable que lo obligue a tomar medidas de emergencia, de carácter tributario, que prometió no asumir durante su campaña .

 Como fuere, el destino de Colombia ha sido re direccionado y los sueños han renacido para la mayoría de los colombianos que cada cuatro años han visto aplazada la satisfacción de sus necesidades en forma indefinida. Pero existe un ingrediente intangible de un valor que no se puede calcular: el país logró recuperar su dignidad y la seguridad de un mejor destino para los próximos cuatro años.

Las grandes mayorías colombianas hacen votos para que la dirección no se pierda, y la indolencia, la corrupción y el desgobierno, sean simplemente malos recuerdos. Santos, con su estatura de estadista, es prenda de garantía para lograrlo.

NB-. Feliz 2011, para todos mis lectores en Colombia, en Perú, Ecuador y Honduras, y gracias por sus estimulantes mensajes durante todo el año.



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