Desde tempranas horas del día, en el marco del Día de los Fieles Difuntos, muchos samarios visitan a sus parientes que han partido físicamente del mundo terrenal.
Ingresan con rosas al cementerio San Miguel, para limpiar y mantener las tumbas en buen estado. También llevan velas para orar por sus seres queridos y pedir al Creador por su descanso eterno. De esta manera les demuestran a quienes ya no están, que aunque hayan muerto de forma física, aún viven en sus corazones.
De igual forma, los más devotos ofrecen la Santa Misa y ponen en sus intenciones las plegarias, para que la luz perpetua brille para sus familiares, amigos y allegados fallecidos.