Las pruebas entregadas incluyen grabaciones, mensajes y documentos que fueron anexados para fortalecer su versión de los hechos.
La canciller entregó nuevas pruebas ante la Fiscalía para sustentar su acusación contra el actual ministro del Interior, en un caso que vuelve a poner en discusión el respeto por los derechos de las mujeres en escenarios de poder.
La tensión entre Laura Sarabia y Armando Benedetti volvió a escalar luego de que la canciller colombiana entregara a la Fiscalía nuevas pruebas que, según ella, confirman los episodios de violencia política de género de los que afirma haber sido víctima. Esta diligencia hace parte de un proceso iniciado en agosto de 2023, cuando Sarabia denunció haber recibido presiones, ataques verbales y acciones que, desde su perspectiva, respondían a una dinámica de abuso de poder con sesgo de género.
Las pruebas entregadas incluyen grabaciones, mensajes y documentos que fueron anexados para fortalecer su versión de los hechos. Con esto, busca que la Fiscalía avance en una investigación formal, la cual también fue remitida a la Procuraduría para su eventual análisis desde el ámbito disciplinario. La funcionaria ha sido enfática en que no se dejará intimidar y que está decidida a llevar el caso hasta sus últimas consecuencias.
Le puede interesar: Petro busca cimentar apoyo popular a su consulta en la manifestación del Día del Trabajo
Sarabia considera que las situaciones vividas no solo afectan su dignidad personal, sino que también envían un mensaje peligroso a otras mujeres que ejercen funciones públicas. “En la política no se puede normalizar el maltrato ni la descalificación por razones de género”, afirmó en declaraciones recientes.
Durante meses se ha conocido la existencia de diferencias profundas entre Sarabia y Benedetti, quien en su momento fue uno de los principales aliados políticos de la hoy canciller. Sin embargo, con el paso del tiempo, la relación se deterioró al punto de derivar en acusaciones cruzadas y procesos judiciales abiertos.
Más allá del enfrentamiento personal, el caso ha reavivado una discusión pendiente en el país: las condiciones que enfrentan las mujeres en escenarios de poder y los mecanismos reales con los que cuentan para denunciar la violencia basada en género. Organizaciones sociales han insistido en que los espacios políticos aún están permeados por prácticas discriminatorias que limitan el ejercicio libre y equitativo de las funciones públicas.
Ahora la atención está centrada en lo que determine la Fiscalía, que deberá evaluar el contenido de las pruebas aportadas y decidir si existen méritos suficientes para iniciar un proceso penal.