Israel enfrenta la amenaza de una represalia por parte de Irán tras los ataques lanzados, que han desmantelado una parte significativa de su estructura militar, incluyendo la muerte de altos mandos y científicos iraníes.
El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, hizo una promesa rotunda: una "respuesta poderosa" a las agresiones israelíes. "La nación iraní y sus autoridades no permitirán que este crimen quede impune", declaró Pezeshkian en un discurso televisado, asegurando que la respuesta de Irán será legítima y contundente, causando que Israel "se arrepienta" de sus acciones.
El mandatario iraní subrayó que el ataque israelí, dirigido a más de un centenar de objetivos, es una violación de las normas internacionales, y que refleja la "naturaleza salvaje" del régimen israelí, al que acusó de ser un "régimen asesino de niños".
Desde la diplomacia, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, calificó la operación israelí como una "declaración de guerra" contra Irán. Araqchi, con firmeza, recalcó que Israel ha cruzado "todas las líneas rojas", e insistió en que Irán tiene el derecho legítimo a defenderse, anunciando que la respuesta será "firme y proporcional".
El mensaje de la Administración de Pezeshkian es claro: Irán ya ha comenzado a implementar las medidas necesarias, tanto defensivas como políticas y legales, para asegurarse de que Israel "se arrepienta" de su agresión. La administración reiteró que, en esta historia, será Irán quien tenga la última palabra. "Con un régimen como el israelí, solo se puede responder con el lenguaje del poder", afirmaron en un comunicado emitido por la agencia oficial IRNA.
En cuanto a los daños causados, medios iraníes informaron que los ataques de Israel resultaron en la muerte de más de 70 personas y dejaron más de 300 heridos, aunque estos datos aún no han sido confirmados oficialmente.
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Israel, por su parte, no solo atacó instalaciones militares iraníes, sino que también dirigió sus misiles a objetivos clave del programa nuclear de Irán, como la planta de enriquecimiento de uranio en Natanz. El ataque también afectó a altos cargos militares y científicos nucleares, incluyendo al general Mohamad Hosein Baqerí, jefe del Estado Mayor, el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Hossein Salamí, y varios expertos nucleares, entre ellos Mohammad Mehdi Tehranchi y Fereydoun Abbasi.
El líder supremo iraní, Ali Jameneí, confirmó la muerte de varios altos mandos y prometió un "destino amargo y doloroso" para Israel en respuesta a estas muertes. Además, los ataques han dejado a Ali Shamkhani, exsecretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, gravemente herido.
Aunque el golpe ha sido fuerte, Ali Fadavi, número dos de la Guardia Revolucionaria, aseguró que la fuerza sigue operando normalmente, y subrayó que están listos para tomar represalias "en el momento adecuado", cuando así se les ordene.