El representante de los pueblos indígenas en la Comisión Preparatoria del Quinto Centenario de Santa Marta habló sobre las propuestas de las comunidades originarias en camino a esta celebración.
En una entrevista al Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes de Colombia, el líder arhuaco Moisés Villafañe destacó el papel crucial de las comunidades indígenas en la construcción cultural de Santa Marta y su compromiso con la preservación del medioambiente.
La relación sagrada con Santa Marta
“Santa Marta para nosotros es todo”. Así define Moisés Villafañe el vínculo espiritual y cultural de las comunidades indígenas con la ciudad, próxima a celebrar los 500 años de su fundación en 210 días.
Villafañe, abogado y defensor de los derechos indígenas, representa a los pueblos Kogui, Arhuaco, Wiwa, Kankuamo, Taganga y Ette Ennaka en la Comisión Preparatoria del Quinto Centenario de Santa Marta. Durante su diálogo con el Ministerio de Cultura, subrayó la importancia de dar visibilidad al aporte de estas comunidades históricamente relegadas.
“Queremos mostrar la diversidad cultural, las tradiciones y la visión de los pueblos indígenas sobre la conservación de la naturaleza. Todo gira en torno a la madre naturaleza”, expresó.
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Un pasado despojado
Antes de la llegada de los colonizadores españoles, las comunidades indígenas de la Sierra Nevada vivían en paz, intercambiando productos y compartiendo tradiciones en lo que hoy es Santa Marta. Sin embargo, Villafañe recordó cómo la conquista marcó un punto de inflexión.
“Para nosotros, ellos no fueron conquistadores ni descubridores, sino quienes nos despojaron de nuestras tierras y riquezas. Nos llevaron a las partes altas de la Sierra, en donde pudimos resguardar nuestra alma y espíritu”, afirmó.
Hoy, la Línea Negra, un límite territorial sagrado, define el espacio que los pueblos indígenas cuidan y veneran como un altar espiritual. Esta conexión con el territorio es esencial para mantener viva su identidad.
Evolución con raíces profundas
Uno de los conceptos destacados por Villafañe en las reuniones preparatorias del Quinto Centenario es el de las ‘culturas dinámicas’. Según él, las comunidades indígenas no sólo preservan su pasado, sino que también se adaptan a los desafíos contemporáneos, como el cambio climático.
“No significa que vamos a cambiar todo, sino que nos adaptamos sin perder nuestra esencia. El desarrollo debe hacerse con sentido espiritual y ambiental”, explicó el líder arhuaco.
Esta filosofía, que Villafañe llama ‘ecosofía’, refleja una vida en armonía con la naturaleza y ha sido clave en la resistencia pacífica de los pueblos indígenas frente a siglos de despojo y discriminación.
Un mensaje de paz y diálogo
A pesar de las adversidades, Villafañe destacó que las comunidades indígenas nunca han respondido con violencia. “Somos de naturaleza pacífica. Creemos en el diálogo, la meditación y en encontrar caminos diferentes a la violencia”, aseguró.
En el marco de los 500 años de Santa Marta, las comunidades indígenas buscan ser reconocidas no sólo como parte de la historia, sino también como referentes para el futuro.
“Si Santa Marta quiere hacer historia, debe partir de los indígenas, de su conocimiento sobre cómo conservar el medioambiente. La Sierra Nevada es un ejemplo espiritual y estratégico para el mundo”, concluyó Villafañe en su entrevista con el Ministerio de Cultura.