Jugaron de segunda, en la primera

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La primera categoría del fútbol profesional colombiano, tiene unos niveles de competencia superiores a los de la segunda división.
Empezando por las habilidades y destrezas en el control del juego, articulado a la buena tenencia y transporte del balón, además de la eficiencia en las oportunidades de anotar, conjugado con una cultura táctica, que les permite ubicarse, moverse y resolver con eficacia las acciones ofensivas y defensivas. Terminamos resaltando paralelo a ese potencial deportivo, los ejes administrativos y financieros de esos equipos, que contribuyen a darle una sólida estructura organizacional a la mayoría de clubes de la “A”.

Entonces, la categoría “A”, tiene unos mayores índices de calidad, que los de la división “B”, de tal suerte que, el onceno que ascienda, aparte de entrar en una notable desventaja por el promedio del descenso, le corresponde enfrentar unos equipos con superiores niveles de exigencia en gran medida. Entonces no le toca otra opción, que armarse con jugadores de recorrido en la élite profesional. Unión., le apostó en mayor proporción a mantener la nómina, que lo subió y en menor escala los que no le renovaron el contrato como John Montaño, Byron Garcés y Erwin Carrillo. De otro lado, Jhonier Vivero se retiró. Ellos no fueron remplazados por refuerzos de la categoría “A”, a excepción de Abel Aguilar, Luis Carlos Arias y Edisson Restrepo. El brasilero Lukas Sotero pasó más en la clínica que en la cancha y Giovanne de Jesús de pobre nivel. Uvaldo Luna, no trascendió y Juan Ortiz, presentó un nivel vergonzoso.

Sin embargo, en el primer torneo, alcanzó 30 puntos y clasificó a los cuadrangulares, aunque allí su desempeño fue deficiente. En el promedio sumó 118 puntos y se ubicó en la casilla 15, a 7 de Alianza Petrolera y 6 de Río Negro. Para el segundo semestre se estremece el árbol administrativo y deportivo y caen el entrenador Harold Rivera y después el presidente Luis Eduardo Méndez. Aquí se interrumpe un proceso que arrancó en octubre del 2017, que le cambio de estrato al Unión en el 2018, al subirlo a la primera categoría y terminó abruptamente a mitad de año. Los Directivos, traen a Pedro Sarmiento y con él llegan Horacio Ramírez, Dairín González, Henry Pernía y Jean Carlos Blanco. Después a manera de moño, se vincula a Villota. En definitiva, jugadores de la “B” para la “A”. En 12 fechas el remedio del entrenador y de los jugadores, resultó peor que la enfermedad y el equipo comenzó a morirse en su aspiración de permanecer en la primera categoría. En ese estado de salud lamentable le entregaron el paciente a Carlos Silva Socarras, para que lo salvara.

En ocho fechas, el enfermo se mejoró para morirse en los brazos de Silva, luego de perder dos juegos claves en casa; el primero ante un rival directo en el descenso, el Río Negro, tras empatarle el equipo Antioqueño en el último minuto y el segundo con Bucaramanga, a quien le ganaba y en los últimos cinco minutos terminó perdiendo dos goles por uno. A la postre Silva, tampoco pudo recomponer el camino porque sus resultados no fueron satisfactorios y al final continuó jugando el equipo de segunda en la primera.

El balance para los Directivos que han detentado el poder desde el año de 1975, es negativo, porque sus decisiones administrativas terminaron llevando al equipo a la “B”, como ocurrió en 1999 y en el 2005. Ya sabemos que bajó, pero cuando volverá a subir, con estas precariedades administrativas con que se maneja el onceno Samario.
Columna: Al blanco con blanco e-mail: albertocamiloblanco@gmail.com

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