Cada competencia fue un acto de reconocimiento mutuo, donde la destreza, la técnica y la fuerza se midieron desde el respeto, el juego limpio y los usos y costumbres propios.
La comunidad de Kasutalain, en el corregimiento de La Gloria municipio de Manaure, fue escenario de un encuentro que reunió memoria, deporte y cultura viva. El sábado 20 de diciembre de 2025, se realizó la primera versión del Encuentro de Juegos y Saberes Wayuu de La Guajira, un espacio creado para salvaguardar prácticas ancestrales y recalcar la identidad colectiva del pueblo Wayuu.
Desde tempranas horas, delegaciones provenientes de distintos municipios del departamento y del país vecino Venezuela llegaron para compartir saberes, competir y encontrarse. Más que un evento puntual, la jornada se vivió como un acto de ratificación cultural, donde el juego ancestral se convirtió en lenguaje común, vínculo comunitario y expresión profunda de pertenencia.
Un espacio propio para la palabra y la tradición
Uno de los momentos centrales fue el Círculo de la Palabra, un escenario de diálogo donde los sabedores tradicionales compartieron conocimientos transmitidos por generaciones.
En este espacio, la oralidad, el respeto y la escucha permitieron reflexionar sobre el sentido espiritual, pedagógico y comunitario de los juegos tradicionales Wayuu.
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La programación incluyó también muestras culturales que evidenciaron la riqueza simbólica del pueblo Wayuu, así como competencias de juegos ancestrales: Ajawajawa (tiro con piedra), Yosusula (tiro con cristal de cardon), Achinpajawa (tiro con arco), Suwaterra Amá (carrera de caballos) y la Apirrawa (lucha libre Wayuu), las cuales despertaron el interés del público, demostrando que estos juegos no son espectáculo, sino expresión viva de una cultura que se mantiene en el tiempo.
Juegos que unen clanes y territorios
El encuentro reunió a comunidades Wayuu de diferentes territorios, fortaleciendo los lazos entre clanes y la cohesión social. Cada competencia fue también un acto de reconocimiento mutuo, donde la destreza, la técnica y la fuerza se midieron desde el respeto, el juego limpio y los usos y costumbres propios.
Estas prácticas ancestrales han sido conservadas gracias al trabajo constante en las rancherías. Sabedores, mayores y formadores han garantizado su transmisión mediante la práctica cotidiana, enseñando a niños y jóvenes no solo las reglas del juego, sino su significado cultural y su valor como herramienta de identidad.