Las paradojas de la vida, mientras líderes de la talla del presidente Obama se embarcan en ambiciosos procesos de defensa por la protección del medio ambiente, se enfrentan a grandes multinacionales y estructuras económicas y políticas poderosas para defender no solo el patrimonio de la generación actual sino el de las venideras; administraciones locales, como la Alcaldía de Santa Marta, se empeñan en atentar contra el patrimonio ambiental y paisajístico de la ciudad, desconociendo las implicaciones que esto tiene en el contexto socio-cultural de la misma.
Parece que el paisaje urbano es considerado por el gobierno Local, liderado por el actual alcalde Carlos Caicedo Omar, como un tema de apreciación subjetiva y que su alteración y/o modificación puede manejarse por encima de los lineamientos establecidos en las normas que delimitan el ordenamiento territorial.
Todo lo contrario, en la ciudad está vigente para mal o para bien el Plan de Ordenamiento Territorial Jate Matuna, el cual entre otras disposiciones, con referencia al paisaje urbano señala lo siguiente en el capítulo uno sobre el paisaje urbano:
"La estructura del paisaje urbano del Distrito está fuertemente referenciado por los elementos naturales y las particularidades del área construida (...)
(...) El plan considera que el paisaje y el medio físico, deben contemplarse como aspectos primarios en la ordenación de las áreas urbanas. La estructura de los espacios naturales, su accesibilidad y su articulación con las áreas edificadas son elementos a incorporar en las decisiones sobre el tipo y ritmo del crecimiento urbano en la valoración de la capacidad de acogida del medio físico respecto a las actividades propuestas.
No existe, dentro del Plan, un criterio ultraconservacionista a ultranza, sino una visión de adecuación del potencial del medio a las necesidades históricas de desarrollo y la visión de ciudad y como un recurso básico para la actividad turística, eje de desarrollo propuesto (...)"
En el capítulo tres, referente a los sistemas urbanos y los principales aspectos del programa de cultura ciudadana en la movilidad, resalta:
"(...) Propiciar una imagen de ciudad coherente, a través de la definición e instalación de amoblamientos urbanos en el espacio vial, para el mejoramiento del paisaje urbano"
No es posible que a pesar del amparo de la norma y ante los ojos de las autoridades de control y la misma ciudadanía, el paisaje natural urbano esté perdiendo la lucha contra el demoledor paisaje construido.
El POT deja claro que no es el paisaje natural urbano el que debe adaptarse al ritmo de crecimiento de la ciudad, sino todo lo contrario, es el crecimiento de la ciudad y su proyección los que deben adaptarse al paisaje natural urbano.
La imagen de la ciudad no puede seguir siendo manejada con el criterio de subvaloración social y ambiental que hoy se nos presenta, ad portas de cumplir 500 años de su fundación, tristemente más difusa se nuestra identidad histórica, ambiental y turísticas.
Sin mucho más que agregar, según lo dispuesto por el POT, la destrucción del paisaje natural que los samarios hemos presenciado es claramente ilegal, no solo en lo que respecta al arboricidio sino en lo referente a la alteración del paisaje natural urbano en su integralidad.
¿Será que el alcalde Carlos Caicedo, la directora del Dadma, la secretaria de Planeación entre otros miembros del gabinete Distrital, han tenido la oportunidad de echarle un vistazo al Plan de Ordenamiento Territorial?
Nota: es oportuno que en esta ciudad se abra el debate sobre la autonomía técnica y funcional que debe tener el Dadma como autoridad ambiental ¿Hasta cuándo seguirán siendo funcionarios de bolsillo?
Por: Redacción
EL INFORMADOR
Con la colaboración de expertos urbanistas
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Las paradojas de la vida, mientras líderes de la talla del presidente Obama se embarcan en ambiciosos procesos de defensa por la protección del medio ambiente, se enfrentan a grandes multinacionales y estructuras económicas y políticas poderosas para defender no solo el patrimonio de la generación actual sino el de las venideras; administraciones locales, como la Alcaldía de Santa Marta, se empeñan en atentar contra el patrimonio ambiental y paisajístico de la ciudad, desconociendo las implicaciones que esto tiene en el contexto socio-cultural de la misma.