Por: Pbro. Jorge Leonardo Guerra Guerra.
Hoy nos encontramos de luto, y se da la invitación al silencio, a la reflexión, así como lo hicieron en el sepulcro los discípulos y la virgen María. En este sábado Santo, en la Iglesia Católica, no se celebra la Eucaristía, los Sagrarios se dejan abiertos y vacíos, no se administran los sacramentos, excepto la unción de los enfermos y la confesión, las puertas de la iglesia permanecen abiertas y no se encienden las luces.
El silencio entonces es el llamado de este día para nosotros, para poder reflexionar y para ello hay que acallar interiormente, nuestras pasiones, nuestros pensamientos, nuestra lengua, nuestro carácter. Todo aquello que nos distrae normalmente, que impide tomar las mejores decisiones en la vida y que nos lleva a dañar personas que amamos y que significan mucho para nosotros, pero de manera particular, nos aíslan, del verdadero amor, del amor de Dios. Que en este día aprovechemos para reconciliarnos con nuestro pasado, para amar el presente y para mirar con esperanza el futuro, que el ruido que escuchen en su interior sea el anhelo y el deseo de conversión.
El silencio de este sábado Santo es un silencio expectante, no es un luto eterno, sino es la espera del estallido de Gloria, de poder, de amor, de esperanza del Resucitado.