Este miércoles 29 de julio Monseñor Luis Adriano Piedrahita celebró la Misa en honor a Santa Marta en la Catedral Basílica, que no estuvo llena como en años anteriores, por las medidas para evitar el contagio del coronavirus.
El Obispo celebró la Eucaristía con la presencia de algunos miembros de la curia, y autoridades, centrando su homilía en la fe de santa Marta, a quien citó como fiel ejemplo de confianza en Dios en medio de las dificultades. También hizo énfasis en el cumpleaños 495 de la ciudad.
A continuación, la transcripción de los fragmentos más importantes de la homilía de Monseñor:
Al acercarnos a la celebración de los 500 años de la fundación de Santa Marta, nos aproximamos igualmente a los albores de la presencia del evangelio en nuestras tierras. Sabemos que junto a los conquistadores llegaron los misioneros que venían enviados por la Iglesia a anunciar la persona de Jesús como el Salvador y a invitar a los aborígenes a acoger su palabra y a convertirse a Él. De la mano de Marta de Betania, a cuyo nombre se debe la ciudad, como el instrumento que la providencia de Dios colocó para que fuera la protectora y animadora de la fe, la comunidad samaria ha recorrido hasta nuestros días la larga historia de evangelización y de fe.
A través de nuestra piedad hacia santa Marta como sus fieles devotos, seguramente vamos creciendo en el ámbito de la amistad con el Señor, que nos hace a todos nosotros discípulos misioneros, una amistad que comienza en cada uno con el reconocimiento de Jesús como nuestro Dios y Señor. Marta, la mujer creyente, nos da ejemplo y nos estimula a recorrer con verdadero empeño el peregrinaje de la fe que comenzamos a recorrer desde el día de nuestro bautismo, a no desfallecer en Él, a robustecerlo cada vez más día a día.
Nos dice hoy el evangelio que con motivo de la muerte de su hermano Lázaro, Marta pronunció una bellísima confesión de fe, a la palabra de Jesús que le dice, “Yo soy la resurrección y la vida, quien cree en mí, aunque muera vivirá, y quien vive y cree en mí no morirá para siempre” ¿crees esto? Ella respondió, sí Señor yo creo que tú eres el Mesías el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo.
Esta afirmación ha fundamentado la vida de tantos hombres y mujeres que se hicieron discípulos de Cristo y se constituyó en la razón de ser de nuestras vidas, muchos incluso corroborándolas con el derramamiento de su sangre, es la confesión de nuestros padres y padrinos en nuestro bautismo.
Los invito a que con la presente ocasión nos esforcemos por redescubrir el camino de la fe, recuperemos el carácter luminoso de ella, avivemos la alegría de creer en Jesús y confesar gozosos con Marta, con los labios, la mente y el corazón, sí Señor yo creo que eres el Mesías , el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo, yo creo que tú eres nuestro Señor, que no hay otro fuera de ti, que tú eres nuestro Salvador, el camino la verdad y la vida, el único que puede darle sentido a nuestra existencia humana, el único que puede darnos la vida verdadera.
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