El publicano y el fariseo

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En la parábola que acabo de leer Jesucristo alaba la humildad del publicano y censura la soberbia del fariseo.

Por: Padre Mario Rafael
González García
Esto me trae a la memoria haber visto a veces por televisión personas famosas de vida públicamente desordenada que afirman que no se arrepienten de nada.
Esto suena a hipocresía o soberbia. No sé qué es peor.
Todos somos pecadores. Al menos con pecados de omisión, porque podíamos ser mejores de lo que somos.
Pero la humildad es la verdad. Tampoco tenemos que sentirnos peores de lo que somos.
No somos terroristas ni adúlteros. Pero deberíamos ser mejores de lo que somos.
Cristo nos dice que deberíamos ser perfectos como nuestro Padre celestial. Debemos aspirar a la santidad.
Debemos ser luz del mundo. Debemos de dar buen ejemplo. Nuestra vida cristiana debería ser iluminadora.
Y esto sin vanagloria. No pensar que es mérito nuestro, sino dando gracias a Dios que nos ayuda, porque sin la ayuda de Dios seríamos, quizás, unos malhechores.
Por eso dice San Pablo: ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿de qué te engríes? Demos gracias a Dios de las ayudas recibidas y procuremos ser fieles a su gracia.En la parábola que acabo de leer Jesucristo alaba la humildad del publicano y censura la soberbia del fariseo.Esto me trae a la memoria haber visto a veces por televisión personas famosas de vida públicamente desordenada que afirman que no se arrepienten de nada. Esto suena a hipocresía o soberbia. No sé qué es peor.Todos somos pecadores. Al menos con pecados de omisión, porque podíamos ser mejores de lo que somos.Pero la humildad es la verdad. Tampoco tenemos que sentirnos peores de lo que somos. No somos terroristas ni adúlteros. Pero deberíamos ser mejores de lo que somos.Cristo nos dice que deberíamos ser perfectos como nuestro Padre celestial. Debemos aspirar a la santidad.Debemos ser luz del mundo. Debemos de dar buen ejemplo. Nuestra vida cristiana debería ser iluminadora.Y esto sin vanagloria. No pensar que es mérito nuestro, sino dando gracias a Dios que nos ayuda, porque sin la ayuda de Dios seríamos, quizás, unos malhechores.Por eso dice San Pablo: ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿de qué te engríes? Demos gracias a Dios de las ayudas recibidas y procuremos ser fieles a su gracia.
Columna: Para vivir mejor

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