Como una aparición sutil y encantadora
surgiste ante mis ojos de improviso,
sin el menor atisbo de un divino aviso
que anunciara tu presencia ensoñadora.
Con tu cómplice mirada arrobadora
me concediste para amarte tu permiso
y a tus plantas rindiéndome sumiso
me postré ante el primor que te decora.
De mi vida no hay un solo instante
en que no tenga para ti constante
un sentimiento de amor apasionado.
Es que lograste calar tanto en mi alma
que he perdido de mi espíritu la calma
por obseso haberme de ti enamorado.
Comparte:
Columna: Trinchera
e-mail: samario1525@hotmail.com