Pescaíto conmemora con fervor al Señor de los Milagros

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Feligreses del populoso barrio Pescaíto conmemoran hoy con gran devoción la fecha del Señor de los Milagros, como es costumbre los 14 de cada mes, por medio de una Eucaristía campal.

La cita fue en las afueras de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, donde cientos de fieles católicos celebraron la Misa en medio de cánticos, oraciones y la habitual procesión.
https://www.youtube.com/watch?v=fGodNoKvCMI&feature=youtu.be 
La Eucaristía fue presidida por el padre Amaury Mestra, invitado especial, quien vino desde Montería.

Jesucristo Señor de los Milagros, Buga

En 1937, el Papa Pío XI, por medio de su secretario, el Cardenal Pacelli (quien luego sería electo Papa, Pío XIII), le concedió el título de Basílica al templo del Señor de los Milagros de Buga.

Una novena, publicada en 1819, escrita por un franciscano de nombre Fray Francisco G. Rodríguez, cuenta la historia de la imagen ante la que hoy rezan los devotos que visitan la Basílica Menor del Señor de los Milagros, en Guadalajara de Buga, a casi ocho horas de Bogotá, la capital colombiana.

De acuerdo al relato del fraile, cerca del año 1580, una mujer que vivía junto al río Buga había reunido setenta reales para comprar un crucifijo ante el que pudiese rezar a diario. Una vez hubo reunido el dinero, y justo cuando se disponía a emprender viaje para comprarlo, un hombre pasó por la puerta de su casa, llorando desconsoladamente: le iban a llevar a la cárcel por deber setenta reales.

La mujer, conmovida, le dio el dinero que había reunido, y pocos días después, mientras lavaba la ropa en el río, la corriente puso delante de ella un pequeño crucifijo, que llevó inmediatamente a su casa y para el que elaboró un pequeño altar.

Para su sorpresa, el crucifijo, conforme pasaba el tiempo, iba creciendo en tamaño. A la semana, ya medía cerca de un metro de altura, y los devotos se agolpaban en la puerta, llegando incluso a arrancar pequeños trozos de madera de la figura que, así, se fue deformando progresivamente.

Así, un visitador especial de la diócesis cercana ordenó que la imagen fuese quemada y destruida. Pero, al contacto con las llamas, la imagen comenzó a sudar y a recuperar su belleza original, quedando incluso más hermosa que cuando la anciana la recuperó del río. Muchos devotos empaparon algodones con el sudor de la imagen y, de acuerdo a la crónica, quedaron sanados de sus males. De allí, el nombre de la imagen: el Señor de los Milagros.

En Perú

En el siglo XVII, en Lima (Perú), un hombre pintó en una pared la imagen de Cristo crucificado. Posteriormente, en 1655, un terremoto sacudió la ciudad derrumbando muchos edificios, pero el muro de adobe, donde estaba la imagen permaneció en pie.

El hecho fue considerado como un milagro. El amor por el “Cristo moreno” ha llegado hasta nuestros días y se le rinde culto en varios países del mundo.

Todos los 14 de cada mes: hay celebración en honor del Señor de los Milagros en las Eucaristías.

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