Adiós año viejo

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Acerca de esta tradición existen indicios de su origen a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. El investigador Darío Guevara ha manifestado que tiene posible origen en ritos y sacrificios de los indígenas, antes de la Colonia, que se relacionaban con los ciclos agrícolas.

Hoy, la quema del año viejo es una tradición que se arraiga cada vez más. Poco se ven los monigotes de ropa vieja, aserrín y caretas con barbas de algodón hechos por los entusiastas ciudadanos; sino que hay artesanos que los confeccionan por encargo siquiera con tres meses de anticipación. Hay trabajo para los entendidos, para los subempleados. Se siguen elaborando muñecos que representan a políticos, artistas, futbolistas, pero ahora hay de grandes dimensiones, con madera, variados colores. Los niños les piden a los padres que les compren a Batman, Superman, El Hombre Increíble, etcétera.

Los testamentos impresos se venden. Parece que las ciudades se incendiaran en los albores del 1 de enero. Las llamas llegan muy alto, las camaretas y los torpedos anuncian con gran estruendo el nuevo año; y “¡peligro de incendio!”, exclaman asustados los propietarios de casas.

Año viejo es un monigote que representa básicamente el año que termina, elaborado con ropa vieja, cartón o papel, relleno de paja o aserrín y con frecuencia con artefactos pirotécnicos, para ser quemado a la media noche del 31 de diciembre en un gran número de países latinoamericanos, desde México hasta Uruguay aunque la costumbre está más arraigada desde el punto de vista popular en Ecuador y Colombia.

El ritual se debe distinguir de la Fiesta del Judas que a pesar de tener características similares tiene distintas connotaciones y se celebra en algunas regiones de España y de América latina, al inicio de la semana de pascua o en el domingo de resurrección.

Igualmente el año viejo se debe distinguir de las efigies que se incineran en protestas políticas, aunque también suelen representar personajes concretos o símbolos de organizaciones y países objetos del rechazo, porque se realizan en cualquier época del año y sin los elementos rituales del 31 de diciembre.


Significado

El ritual hace parte de las celebraciones de fin de año o noche vieja y los muñecos pueden representar a los acontecimientos o personajes más significativos, sobre todo negativos, del año transcurrido, y su incineración a la medianoche del 31 de diciembre es un ritual de purificación para alejar la mala suerte y de transición pues también se celebra la llegada del nuevo año. En muchos lugares, después de la quema, se lee un "testamento", en el cual el "difunto" con lenguaje irónico o satírico hace recuento de los sucesos y da recomendaciones a sus protagonistas.

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