La casa del diablo en Ciénaga; historia macondiana

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Los pactos con el diablo hacen parte de la leyenda universal.
Se dice que, en busca de talento artístico sin par, contrataron al demonio los músicos italianos Tartini (autor de “La sonata del diablo”) y Paganini, virtuoso inigualable y particularmente feo, así como el excepcional músico estadounidense de blues Robert Johnson, quienes además perversamente alimentaban la leyenda. En nuestro Caribe mágico siempre surgen historias únicas, alusivas también al demonio.

Ni Gabo ni el flaco Álvaro Cepeda Samudio se esforzaron demasiado para encontrar leyendas que, gracias a su genio, se transformaron en joyas literarias únicas. En nuestra región basta preguntarle a cualquier transeúnte acerca de temas diversos; las respuestas pueden ser sorprendentes.

Hace un siglo, Ciénaga era la ciudad más próspera del Magdalena y quizás de la Costa, gracias a la industria bananera. El dinero fluía incesante y desmedido; todavía rememoran las noches de cumbia iluminadas con rollos de dólares a modo de velas. La arquitectura cienaguera refleja esos tiempos de esplendor: el Centro Histórico, pletórico de bellas e imponentes edificaciones inspiradas en el neoclásico europeo, fue declarado Monumento Nacional.

Arquitectos destacados que edificaron en Ciénaga fueron Eduardo Carpentier, (hijo de Alejo, el escritor), autor del simbólico Templete, y el urbanista cubano Manuel Carrerá (Hospital San Cristóbal y Hotel Tobiexie, importante centro social de entonces), quien también dejó importantes obras en Santa Marta y especialmente en la floreciente Barranquilla.

Esa magnificencia atrajo gentes de toda Colombia y del extranjero (italianos y árabes, especialmente), acogidos por la sociedad local. Muchas construcciones todavía cuentan esa historia en sus hermosas fachadas y prodigiosos interiores.

Atraído por aquella bonanza, hacia 1908 llegó a Ciénaga un joven nacido en Pivijay y procedente de Sabanalarga, Manuel Varela. Enjuto, moreno, misterioso y trabajador, era un campesino pobre que muy pronto acumuló riquezas a la par de los más adinerados. Rápidamente adquirió extensas tierras, cultivos y hasta montó una línea férrea dentro de su propiedad para sacar la producción; en sus terrenos se erigió el caserío Varela, al cual llegó gente de todas las regiones y variados oficios.

Diez años después de su llegada, empieza la construcción de la Mansión Manuelita, basada en palacetes españoles. El lujo fue el sello de la casa; pronto se convirtió en sitio de importantes encuentros sociales. Mientras sus hijos estudiaban en Europa, las reuniones sociales en casa de Varela desbordaban en suntuosidad y su fortuna seguía creciendo. Manuel regaló las tierras para la construcción del Instituto Nacional San Juan del Córdoba, el más importante centro educativo de Ciénaga y la región. Muchas familias prosperaron gracias a Varela.

A la par, la leyenda de su pacto luciferino comenzó a rodar en Ciénaga. Las gentes decían que cada año debía entregar al demonio el alma de uno de sus trabajadores a cambio de seguir aumentando su fortuna. Incluso, rumoraban que cada año moría un estudiante del Instituto para que el pacto siguiera vigente. Cuentan que en 1916 apareció el cadáver de una niña de 13 años en una de las fincas de Varela, con lo cual el mito fue asumido como cierto.

Empezaron entonces las apariciones en las propiedades de Varela: brujas, fantasmas, ánimas en pena, el diablo y trabajadores desaparecidos; el miedo se apoderó de la gente. Los redoblantes de la Segunda Guerra Mundial marcaron el declive de la bonanza bananera; el país entero, incluyendo a Varela, sintió sus efectos. Este fallece en los años 50 en medio de la crisis generalizada. La casa fue abandonada, y pronto entró en menoscabo.

Por sus características arquitectónicas y pesar de su estado ruinoso, fue declarada Monumento Nacional en 1988. Hoy, desolada, atemoriza a muchas personas que evitan pasar por la esquina de la Calle Valledupar con el callejón Bucaramanga.

La historia trascendió al teatro. Hace muchos años, el escritor e historiador cienaguero Guillermo Henríquez estrenó en España una obra basada en ella. Numerosos escritos y documentales mantienen viva en Ciénaga la leyenda de Manuel Varela.


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