Ruido altisonante y alboroto sin control

Editorial
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La contaminación auditiva y sonora es notoria en el Distrito de Santa Marta y en cuanto al ruido, una situación que va en aumento y no existe autoridad que controle, a pesar de las continuas peticiones de los ciudadanos del común.

Equipos de sonidos con demasiado volumen, bafles de diferentes tamaños, pero todos con gran potencia, en los andenes del centro de la ciudad, anunciando unos descuentos increíbles o reinauguración del establecimiento comercial con el objeto de llamar la atención a transeúntes, afectan el ambiente con unos ruidos insoportables, haciendo la caminata por el Centro Histórico, un momento estridente, en donde salen lastimados solamente los oídos de los transeúntes.

En las tiendas y negocios de Santa Marta, que ya son tiendas cantinas, se pide canela y están dando panela, por los altos decibeles producidos por equipos con enormes bafles, que impiden el diálogo comprador - tendero. Y qué decir de los equipos de sonido que acondicionan en las busetas de servicio público urbano con parlantes de hasta 12 pulgadas y a alto volumen que al solicitarle al conductor del automotor que disminuya el volumen, éste responde si no le gusta puede bajarse, ya que para ellos es más importante mantener contentos a los jóvenes, que llenos de bulla y gritos prefieren este medio de transporte.

Es lamentable que se siga presentando esta situación en el Centro Histórico y en los buses de transporte público, pues se está prestando un servicio público y se debe acatar el Código de Tránsito y Transporte que sanciona estas conductas con multas, las cuales deben comenzar a imponerse y de manera ejemplar para evitar que se siga abusando de la paciencia de los samarios y de la continua contaminación auditiva.

Una cosa es el raigambre, ambiente caribeño que llega a esta región a permanecer en onda, pero otra es confundirla con alegría, para no llegar a un constante bullicio. La situación aumenta de intensidad que cualquier ciudadano al notar a su vecino en un musical estridente, le da por sacar unos bafles que parecen unos ataúdes y así si forma un conflicto musical, que ni allá ni acá, se escucha la melodía.

¿Qué dice la autoridad al respecto? Muchos ciudadanos se quejan y no encuentran eco de estas instituciones públicas y sobre todo los fines de semana que no intervienen, toca aguantarse un viacrucis musical incontrolado. Lo que no saben las autoridades o si lo saben se hacen los sordos, es que estos líos musicales generan enfrentamientos verbales y hasta físicos porque los mandos pertinentes no actúan y la autoridad aquí es quién tenga más potencia o vatios en sus equipos de sonido y exagerados bafles. No sabemos qué hace al respecto la Procuraduría Ambiental en la ciudad, que parece que no ejerce, ni funciona en estos casos, ni somete disciplinariamente a las entidades que les compete hacer cumplir la ley.

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