En la antesala de la jornada que busca concienciar al mundo sobre la importancia de proteger este escudo natural, el Servicio de Vigilancia de la Atmósfera de Copernicus informó que el agujero de ozono en la Antártida supera el promedio de extensión para esta época del año, aunque permanece por debajo de los máximos históricos.
Hoy martes por ser el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, la atención global se centra en uno de los indicadores más críticos para la salud del planeta. El Servicio de Vigilancia de la Atmósfera de Copernicus (CAMS) reportó que el agujero de ozono sobre la Antártida alcanzó 21,08 millones de kilómetros cuadrados en la primera mitad de septiembre, una dimensión superior a la media histórica para este periodo, aunque aún por debajo de los picos máximos registrados en años anteriores.
Según el programa europeo de observación de la Tierra, el fenómeno se presentó antes que en 2024, con mediciones que ya a finales de agosto indicaban una superficie sin ozono de 15 millones de kilómetros cuadrados. Este comportamiento, explicaron los expertos, “se aparta del patrón de 2023 y es más comparable con la media registrada entre 1979 y 2022”.
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La directora del CAMS, Laurence Rouil, destacó que el agujero de este año muestra un patrón “altamente variable”, lo que resalta la necesidad de contar con previsiones y análisis constantes. La duración y extensión del agujero dependen de las dinámicas atmosféricas y de factores químicos, que explican las fluctuaciones en su amplitud.
El agujero de ozono aparece de manera estacional sobre el océano Antártico entre agosto y diciembre, debido a reacciones químicas impulsadas por las bajas temperaturas y la presencia de compuestos como los clorofluorocarbonos (CFC), sustancias prohibidas por el Protocolo de Montreal de 1987. Gracias a este acuerdo global, la capa de ozono ha mostrado signos de recuperación, pero los expertos advierten que el monitoreo debe continuar para garantizar su total restablecimiento en las próximas décadas.
Como dato adicional, dos recientes estudios internacionales revelan que el yodo emitido por los océanos también desempeña un papel en la destrucción del ozono, con impactos que varían según la altitud en la que actúa. EFE