Una moneda griega en Berlín revela antiguos vínculos comerciales entre el Mediterráneo y Europa del Norte

IMoneda encontrada por Alejandro que la localizó semienterrada y protegida por miles de años de lodo en el Coliseo de Roma. EFE/Cedida por Vanessa Huertas

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El hallazgo de una pieza helenística del siglo III a.C. en Spandau aporta evidencia material sobre redes de intercambio de larga distancia en la Antigüedad.

El reciente descubrimiento de una moneda griega de bronce del siglo III a.C. en Berlín no solo representa una rareza arqueológica, sino también un valioso dato científico sobre las dinámicas de intercambio en la Antigüedad. La pieza, acuñada entre los años 281 y 261 a.C. en Ilión la histórica Troya, fue hallada en el distrito de Spandau, en el norte de la capital alemana.

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Desde una perspectiva científica, el hallazgo resulta significativo porque constituye la primera evidencia material de origen griego encontrada en Berlín. Aunque ya se habían registrado objetos de procedencia romana en la región, la ausencia previa de artefactos griegos hacía suponer una menor conexión directa con el mundo helénico.

El análisis del contexto arqueológico añade información relevante. La zona donde apareció la moneda presenta indicios de haber sido utilizada como cementerio desde la Edad del Bronce o la temprana Edad del Hierro, lo que sugiere una ocupación humana continua y diversos usos del espacio a lo largo del tiempo. La presencia de restos de cremación, cerámica y otros objetos metálicos refuerza esta hipótesis.

El dato científico clave radica en la interpretación del desplazamiento de la moneda. Aunque no se ha determinado con certeza cómo llegó hasta Europa central, los investigadores destacan que en la Antigüedad existían redes de comercio que conectaban el Mediterráneo con la región del Báltico. Este tipo de hallazgos refuerza la evidencia de intercambios a larga distancia mucho antes de lo que tradicionalmente se consideraba para ciertas áreas del norte europeo.

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En términos arqueológicos, la moneda funciona como un “indicador de contacto”, es decir, un objeto que permite rastrear interacciones culturales, económicas o sociales entre regiones distantes. Su presencia en Berlín amplía el mapa de circulación de bienes helenísticos y aporta nuevas líneas de investigación sobre movilidad, comercio y transferencia cultural en la Antigüedad.

Actualmente, la pieza se exhibe como parte de una muestra de hallazgos recientes en el laboratorio arqueológico PETRI, donde se integra a estudios en curso que buscan comprender mejor las conexiones entre distintas regiones de Europa en épocas remotas.

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