Madrid, 10 nov (EFE).- El PSOE, pese a su ligero retroceso, repite victoria electoral, pero Pedro Sánchez lo tendrá aún más difícil para gobernar que después de las elecciones de abril, porque su socio posible a la izquierda, Unidas Podemos, también cae, y su opción más cercana de pacto por la derecha, Ciudadanos, se desploma.
Cuando convocó las elecciones el pasado mes de septiembre, Sánchez se marcó como objetivo una "mayoría rotunda" que impidiera a PP, Ciudadanos y Unidas Podemos bloquear su gobierno. El veredicto de las urnas ha sido otro: los socialistas se dejan tres escaños -se quedan con 120- y sus opciones de investidura pasan ahora por números aún más precarios que entonces. Mientras, su principal rival, el PP, sale del pozo en el que cayó hace seis meses y la extrema derecha duplica su resultado.
La desmovilización entre los votantes de izquierda decepcionados por la falta de acuerdo tras las elecciones de abril, y la tensión en Cataluña, en especial los disturbios que se produjeron en Barcelona tras la sentencia contra los líderes independentistas en plena precampaña, se apuntan como principales causas del retroceso de la izquierda.
Sánchez sigue siendo el primer candidato a la investidura, pero ahora suma 158 escaños con Unidas Podemos y Más País, las otras fuerzas estatales de izquierda, frente a los 166 de abril. Por el otro flanco del tablero la ecuación ya no es posible porque Ciudadanos, que había retirado el veto que impuso a Sánchez en abril, solo ha logrado 10 escaños. En abril socialistas y naranjas reunían 180 -cuatro por encima de la mayoría absoluta.-
Así las cosas, las posibilidades de investidura de Sánchez son dos: por un lado, un acuerdo con las fuerzas de izquierda al que se sumen los nacionalistas vascos y, al menos con la abstención, algunos de los independentistas catalanes. Por otro, la llamada "abstención patriótica" del PP, que ni siquiera garantizaría la investidura del líder socialista, aunque sí la facilitaría.
Ninguna de esas dos opciones será fácil. El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, se ha apresurado a reiterar su exigencia de entrar en el Gobierno para apoyar la investidura de Sánchez; y el PP ha descartado hasta ahora la abstención. La espectacular subida de la ultraderecha de Vox pueden hacerla más complicada por el eventual coste que podría acarrear a los populares.
Los socialistas se preguntarán ahora si ha merecido la pena volver a las urnas, porque la relación de fuerzas que ha salido de ellas es todavía más compleja y las posibilidades de conformar un gobierno estable más difíciles. El bloque de izquierda estatal suma 158 escaños frente a los 151 de la derecha.
Unidas Podemos, el partido con el que el PSOE negoció infructuosamente un acuerdo de investidura, ha corrido aún peor suerte que los socialistas y se deja siete escaños, aunque resiste con 35 y su peso en el Congreso y de cara a la formación de gobierno será similar al que tenía en abril.
El partido que encabeza Pablo Iglesias suma ahora la mitad de escaños que en 2016, pero la entrada en la política nacional de su otrora compañero en la fundación y dirección de Podemos, Íñigo Errejón, al frente de Más País, no le ha hecho sombra.
Más País solo logra tres escaños y uno de ellos es gracias a su coalición en la Comunidad Valenciana con Compromís, una formación regionalista que ya había obtenido un diputado en abril. Errejón, por tanto, queda lejos de las expectativas que inicialmente generó su desembarco en la política nacional después de obtener un resultado excelente en su estreno en las elecciones regionales madrileñas de mayo.
Entre los partidos que se mostraron dispuestos a apoyar la investidura de Pedro Sánchez tras las elecciones del mes de abril, los regionalistas cántabros han revalidado su escaño y los nacionalistas vascos del PNV han sumado uno más, hasta un total de siete.
En resumen, la repetición electoral no ha dejado buenas noticias para la izquierda, aunque puede buscar consuelo en que su peso es aún superior al de la derecha. Sánchez sigue siendo el único candidato con posibilidades de ser investido, pero se enfrentará a un jeroglífico aún más complicado. EFE