Un Estados Unidos congelado cerró el domingo el baile de las celebraciones de Año Nuevo, marcadas por grandes espectáculos piroténicos en el resto de América, Europa y Asia-Pacífico.
En Nueva York, unos dos millones de personas, muchas de ellas con ropa para la nieve, desafiaron una temperatura de -12,7 ºC, la más baja que se registra en Nochevieja en un siglo, para dar la bienvenida a 2018 en la emblemática Times Square.
Tan inusual como el frío polar, fue el operativo de seguridad impuesto tras dos recientes atentados inspirados por el grupo yihadista Estado Islámico.
El perímetro de seguridad fue el más amplio de la historia, y cada persona que entraba debía pasar por dos controles policiales y no podían llevar ningún bolso o cartera.
A medianoche, todos pudieron celebrar al son de “New York, New York” de Frank Sinatra.
También con música y con unos deslumbrantes fuegos artificiales se recibió el año en Rio de Janeiro, donde las autoridades esperaban que unos tres millones de personas, muchas de ellas vestidas de blanco como manda la tradición, se congregaran en la playa de Copacabana.