Unos van presurosamente en busca de la bandera de su departamento para extenderla con sus brazos o ponérsela de capa. Otros muerden la medalla para la foto. No falta el que quiera enrostrar su supremacía encaramándose a la barda, pero la celebración de Kerstinck Rachelle Sarmiento resultó tan original como conmovedora.
Después de cruzar de tercera en la final de los 1.000 metros batería ruta, le dio el primer bronce al Magdalena en el patinaje de los Juegos Nacionales. Como tal, subió al podio junto a Fabriana Arias y Stephanie Hurtado. Se mostraba ansiosa en la ceremonia de premiación, pero no por el logro como tal. No veía el momento de entregarle la medalla al ser que le debe mucho, por no decir que todo.
Tuvo que esperar a que terminara la segunda jornada de competencias en el patinódromo Julio César Arias de Rionegro para ir al encuentro de esa mujer cuya tez morena contrasta con el blanco de su cabello. Una vez la divisó en medio de deportistas, dirigentes, técnicos y personal de la organización, Kerstinck aceleró como en la pista, abrazó a su abuela y se despojó del logro más importante que ha logrado a sus 16 años para que reposara en el pecho de la orgullosa y no menos emocionada anciana.
Pocos notaron semejante gesto. Moisés Cristiano Sarmiento fue uno de ellos. El hermanito menor de la joven promesa del patinaje colombiano, a sus seis años acompaña a las dos en los Juegos. Él se llevó el otro testimonio del triunfo: Tore, la mascota en peluche que reciben todos los medallistas.
Ruth Marina Villar viuda de Anchila ni contempló el bronce. Para ella, el mejor premio son sus nietos. Jamás revela la edad, pero el carisma que irradia es su mejor carta de presentación. En las graderías nunca pasa desapercibida. Sin necesidad de gritar o alentar como otros asistentes. Simplemente por la fidelidad que a mañana, tarde y noche le ha tenido a las competencias tanto en Guarne como en Rionegro.
"Me pongo alegre, soy feliz viéndola patinar. Le miro todos los movimientos, me olvido de todo lo que hay a mi alrededor, hasta de mi otro nieto, pero esa medalla no era la de ella, era la de oro, aunque como se lo he dicho, ella está en un proceso. Al Mundial tiene que ir con todo por el primer lugar", confiesa la abuela de Kerstinck, cuyo nombre es hindú y en cierta forma hace honor a los rasgos de la mujer que la ha criado desde recién nacida.
Fue prematura y con semana y media de vida, presentó un preinfarto. "Yo estaba en la escuela dando clase cuando me avisaron que la niña se había muerto. Fui corriendo al hospital y parecía sin signos vitales, pero Dios nos la devolvió, es un milagro y mírela hoy donde está", recuerda con lucidez envidiable la matrona del popular barrio Pescaíto de Santa Marta.
Desde ese día, duermen juntas. "Aún me despierto en las noches para ver cómo respira", cuenta la hincha número uno de la mejor patinadora del Magdalena, a la que no le pueden faltar dos cosas en su alimentación: el mote de guineo y queso y la sopa de pata de pollo. "Eso es lo que la ha hecho fuerte desde pequeñita. Es que ni una gripa le da y eso que acá en Guarne y Rionegro anda en licra y camiseta. No siente ni frío", afirma con convencimiento y conocimiento de causa Ruth. Mientras veía como su gran amor cuelga en el cuello la distinción que la identifica como una de la mejores.