Regulaciones absurdas

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Hace un mes denuncié en esta columna la disparatada idea del representante a la Cámara del partido Cambio Radical, Oswaldo Arcos, de pretender prohibir a través de un acto legislativo las exportaciones de ganado en pie en Colombia. Hoy, me toca advertir, sobre otro absurdo proyecto de Ley que pretende prohibir el uso de semillas genéticamente mejoradas en el país.

El autor de esta desatinada propuesta es el representante a la Cámara por el partido liberal, Juan Carlos Losada. Lo asombroso de este trámite legislativo, es que se está adelantando en la Comisión Primera, que nada tiene que ver con asuntos del sector agropecuario. Los temas de este sector son de absoluta competencia de la Comisión Quinta. La única relación que encuentro entre esa Comisión y el tramite del acto legislativo, es que es una reforma constitucional.

Tiene que estar uno bien desocupado y desorientado en sus funciones como legislador para sugerir cambiar la Constitución Política de Colombia, con el propósito de prohibir el uso de biotecnologías implementadas con éxito en casi todos los países del mundo para reducir el uso de agroquímicos en los cultivos, aumentar los rendimientos por hectárea, reducir los costos de producción y aumentar la rentabilidad en los agronegocios de los productores del campo. Lo peor del cuento, es que 22 de los 35 congresistas que integran la Comisión Primera, votaron a favor de esta irracional iniciativa en primer debate.

El congresista ponente argumenta en sus debates que “Los transgénicos son un invento de las grandes compañías para vender más plaguicidas, destruyen la biodiversidad y no son seguros para el consumo”. Nada más lejano de la realidad. Si esto fuera cierto, no se sembraran anualmente más de 174 millones de hectáreas de estos cultivos en el mundo. Según cifras del ICA, en Colombia, en 20 años, sólo hemos podido sembrar 101.188 hectáreas entre maíz (88.268 ha); algodón (12.907 hectáreas) y flores azules (12 hectáreas).

Los cultivos genéticamente modificado, por el contrario, ayudan a los agricultores a optimizar el uso de plaguicidas, reduciendo el impacto ambiental asociado al uso de insecticidas y herbicidas. Según estudios científicos, el número de aplicaciones de insecticidas en el cultivo de algodón pasó de 11 aplicaciones en un cultivo convencional a 6 en un cultivo transgénico. Para el maíz la reducción es de 4 a 1 aplicaciones. Ni que hablar de los beneficios en los rendimientos de los cultivos. En algodón y maíz, se han obtenido rendimientos por encima del 30% y el 17% respectivamente, sobre cultivos convencionales.

Otro aspecto importante que ignora el congresista Lozada, es que Colombia, tiene suscrito más de 16 Tratados de Libre Comercio con países donde se permite el uso de los cultivos transgénicos y sus productos terminan siendo consumidos acá y sin aranceles. Sólo en maíz amarillo y soya, estamos importando unas 6 millones de toneladas anuales para producir más de 1.6 millones de toneladas de pollo y 13.000 millones de huevos.

Es absurdo prohibir el uso de semillas genéticamente modificadas en nuestro país y permitir la importación de materias primas y alimentos transgénicos producidos por los agricultores de otros países. ¿A quien le están haciendo esa vuelta?



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