Dos buenos ‘cuates’ que no se pelean

Opinión
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Tanto el presidente estadounidense, Donald Trump, como su homólogomexicano, Andrés Manuel López Obrador, salieron victoriosos de suencuentro: mostraron ante las cámaras que son buenos “cuates” y evitaronlo que habría sido un desastroso enfrentamiento.
Los dos líderes cenaron juntos en la Casa Blanca y comparecieron antela prensa en dos ocasiones sin aceptar preguntas y solo para intercambiarelogios sin entrar en ninguno de los temas espinosos de la relaciónbilateral, como el muro, la migración, el narcotráfico, las armas y el sectorenergético.

Esa imagen de cordialidad coreografiada -pero vacía- hizo que los dospresidentes salieran ganando, porque los dos consiguieron exactamentelo que se proponían. Ambos saben que su relación personal sirve a susintereses internos: Trump ha podido presumir en Estados Unidos de haberfrenado la migración irregular de Centroamérica gracias a la ayuda deMéxico, mientras que López Obrador ha implementado sus políticas sin lainjerencia de Washington, algo que parecía imposible hace años.

Bajo el punto de vista de cada presidente, el otro le ayuda para avanzarsus intereses nacionales y por eso ambos consideran que el otro es unaliado importante. La reunión fue una celebración de eso, no se trataba dehablar de los temas en los que no están de acuerdo.

Para evitar salirse del guion, algo que los dos líderes suelen hacer, serefugiaron en los símbolos: desde las constantes alabanzas mutuas hastalas referencias a Benito Juárez (1858-1872) y Abraham Lincoln (1861-1865)pasando por referencias a la Doctrina Monroe, a la que López Obradoraludió para celebrar que Trump no se entrometa en sus asuntos.Mostraron que son buenos amigos, buenos cuates; pero eso,
sinceramente, lo que hace es que baja el listón. Así es mucho más fáciltener éxito. Además, la sintonía entre Trump y López Obrador contrasta conla realidad de los 36 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos,a los que el mandatario estadounidense ha insultado y atemorizado conmedidas migratorias como las destinadas a acabar con un programa queimpide que 500.000 jóvenes mexicanos sean deportados.

El encuentro
entre Trump y López Obrador tuvo lugar en otro mundo diferente al de losúltimos años con un cierto elemento surrealista. López Obrador es el queha asumido más riesgos y la opinión pública mexicana podría volvérseleen contra si Trump se va de la lengua y le ataca en un mitin electoral, comoya hizo después de reunirse con el anterior presidente de México, EnriquePeña Nieto.

No conviene olvidar, que es año electoral en Estados Unidos y ennoviembre Trump opta a la reelección frente al virtual candidato demócrata,Joe Biden; por eso mismo, se ve como una gran torpeza que el equipo deLópez Obrador no haya tenido agendada ninguna reunión con miembrosdel Partido Demócrata, especialmente con la presidenta de la Cámara deRepresentantes, Nancy Pelosi. Fue una agenda muy poco balanceadaque hace parecer como que si estuvieran tomando partido en un añoelectoral y eso desafortunadamente sentó un precedente muy malo conlos demócratas.

Sobresale, además, la ausencia de Canadá en un actocuyo objetivo oficial era la celebración de la entrada en vigor el pasado día1 del tratado comercial T-MEC entre Canadá, México y Estados Unidos. Elprimer ministro de Canadá, Justin Trudeau, se excusó diciendo que teníaya compromisos que no podía cambiar, algo que en realidad muestra quela reunión fue planeada “de mala manera” y que no era el momento derealizarla, en medio de una pandemia; además, todavía no se han sentidolos efectos del T-MEC, por lo que tal vez sería más oportuno hacer unacelebración cuando el tratado haya contribuido a la difícil recuperación quetienen por delante la economía mexicana y estadounidense.

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