La determinación se produjo luego que se cumplirá el plazo para que la Corte Constitucional decidiera si el implicado sería procesado por la justicia ordinaria o la penal militar.
Como un hecho indignante fue calificado por parte de familiares y amigo, además de defensores de derechos humanos la decisión de un despacho judicial de Santa Marta de dejar en libertad al expolicía Carlos Hernández, quien viene siendo procesado por el delito de homicidio tras darle muerte con su arma de dotación al joven Jhonatan López Jurado, en hechos ocurridos el 5 de agosto del año pasado en sectores del barrio Las América en el sur de la ciudad.
El exuniformado resultó beneficiado por vencimiento de términos luego que la Corte Constitucional no se pronunciara en el tiempo previsto para determinar si el caso quedaba en manos de la justicia penal militar o la ordinaria, según las declaraciones entregadas por José López Acuña, padre de la víctima.
Se supo que, Hernández, procesado pese a haber recobrado su libertad seguirá vinculado al caso, según manifestó el señor López.
Por su parte, Luz Helena Jurado, primogenitora del joven muerto, en medio de su indignación pidió justicia al tiempo que argumentaba que, por este tipo de decisiones es que se pierde la confianza en la justicia.
“No se entiende cómo es que a una persona como esta la dejan libre cuando es un verdadero peligro para la comunidad”, dijo la angustiada mujer.
Entre tanto, Jennifer Del Toro, defensora de los derechos humanos calificó a situación que le otorgó la libertad a Hernández, como salida de cualquier contexto e indicó que además que, “si se hace necesario se estarán realizado plantones para llamar la atención de las autoridades y además le haremos acompañamiento a esta familia hasta que se haga justicia y el responsable pague por su actuación”.
El caso
Como se sabe, el hecho ocurrió la tarde del 5 de agosto del año pasado en la calle 30, sector barrio Las América, en el sur de Santa Marta.
Allí en medio de un procedimiento policial en el que, se generó un alegato, según declaraciones de algunos testigos, el procesado quien oficiaba como patrullero para la época, sacó su arma de fuego con la que propinó un impacto de bala en el cuello que lo dejó en el piso y que, pese a que su hermano que estaba presente y algunos amigos trató de auxiliarlo, el uniformado no habría dejado.
Pasados unos minutos fue recogido y llevado a una clínica de la ciudad en donde dejó de existir pese a los esfuerzos que hicieron los médicos para salvarle la vida.