Rosalía Ramírez, veedora del Colegio Gimnasio Castillo Campestre, firmó un preacuerdo con la Fiscalía en el que aceptó su responsabilidad en los delitos de actos de discriminación agravada y ocultamiento de elemento material probatorio. Fue sentenciada a 27 meses de prisión.
La jueza 39 de conocimiento avaló el preacuerdo firmado entre la Fiscalía General y Rosalía Ramíez, veedora del colegio Gimnasio Castillo Campestre, en el proceso penal que se le adelantó por su participación en los actos de discriminación hechos contra el estudiante Sergio Urrego Reyes derivado de su orientación sexual.
En el documento firmado, Ramirez aceptó su responsabilidad en los delitos de ocultamiento de elementos materiales probatorios y actos de discriminación agravada imputados por la Fiscalía General. (Ver La testigo clave en el caso Sergio Urrego)
La investigación arrojó que fue ella quien le impuso un memorando a Sergio Urrego después que se conociera una foto en la que el joven estudiante de 16 años aparecía dándose un pico con un compañero de su salón de clases.
Debido a esto fue suspendido puesto que se consideró que esta conducta iba en contravía del manual de convivencia de la Institución Educativa. Urrego Reyes fue enviado al psicológo y se le impidió acceder a las clases hasta que no tuviera un visto bueno por parte de la profesional.

Ramírez fue condenada a 27 meses de prisión, los cuales pagará en su domicilio. Igualmente tendrá que cancelar una multa de 90 millones de pesos. La veedora será testigo en el proceso que se adelanta contra la rectora Amanda Azucena Castillo y la psicológa, Ivonne Cheque.
La veedora reconoció que cuando se inició la investigación por los hechos que rodearon la muerte del joven se borraron los archivos donde se encontraban las amonestaciones y los memorandos en contra de Sergio Urrego. Igualmente así como la exigencia que fuera a un psicólogo para tratar su condición sexual.
En la diligencia judicial celebrada este miércoles se advierte que Ramírez además presionó a Urrego y al compañero con el que sostenía una relación sentimental para que le contaran a sus padres sobre lo que estaba sucediendo. De no hacerlo en un plazo por ella impuesto el colegio “se tomaría la atribución” para citar a sus padres.
“Es clara la tipicidad de la conducta y se atiende a que a ambos jóvenes no se les permitió su desarrollo a la libre personalidad. Así como que se les negó la posibilidad de someterse a tratamiento psicológico de forma libre y voluntaria (...) Es clara la aceptación de cargos de Ramírez”,precisó.
En la investigación se alteraron las actas firmadas por Sergio Urrego y se buscó que los otros estudiantes cambiaran su versión sobre los hechos. Para esto fueron citados y se les pidió que no contaran la versión sobre la foto que originó todo el proceso interno en el colegio contra el destacado estudiante.