- El número de víctimas del terremoto que sacudió el lunes 10 provincias del sureste de Turquía, con magnitudes de 7,7 y 7,6, ya supera el devastador seísmo de 1999 que sacudió una zona cercana a Estambul.
- En el gran terremoto del 17 de agosto de 1999, con una magnitud de 7,4 que azotó una región en las afueras de Estambul, murieron unas 17.500 personas.
Antioquia (EFE).- Se llaman Mia y Farah, son perras pastores belga cruzadas con malinois y juegan en el césped con un botellín vacío o piden comida a su dueño como haría cualquier otra mascota tras horas de viaje en un camión.
Pero el juego se convierte en una tarea de vida y muerte momentos más tarde: empiezan a buscar a supervivientes entre las ruinas de Antioquía, una de las ciudades más afectadas por el terremoto que asoló el sureste de Turquía el lunes pasado.
“Los perros aprenden a buscar a personas atrapadas entre los escombros a través del juego, para ellos no es muy distinto a buscar un palito”, comenta a EFE una integrante del equipo de Ericam, el servicio de Emergencias y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid, que lleva desde el martes en la zona.
Los primeros días, el grupo, compuesto por cuatro perros y sus respectivos dueños - cada animal va con una persona - y una veintena de bomberos especialistas en detectar rastros de supervivientes, amén de varios sanitarios, trabajaba en la ciudad de Alejandreta, que también ha sufrido numerosos derrumbes.
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Allí consiguieron rescatar el miércoles a un hombre atrapado entre las paredes de un edificio durante más de 48 horas, tras detectar sus llamadas de socorro.
“En primer lugar hacemos una inspección nosotros mismos, llamamos y damos golpes para ver si hay respuesta. Hasta unos tres metros de profundidad podemos percibir ruidos. Si no detectamos nada, vienen los perros, ellos están entrenados para percibir el olor de una persona viva hasta a siete metros. Y si tampoco da resultado, colocamos los geófonos, unos sensores de alta precisión”, comenta a Efe David Barderas, un miembro del equipo.
En Antioquía, las esperanzas son escasas, pero aún hay posibilidades, ya que las bajas temperaturas, alrededor de cero grados, se ven atemperadas por las capas de escombros y el frío hace que el cuerpo de una persona se deshidrate menos rápido, explica Kike Arribas, otro bombero del Ericam.
Pero el trabajo entre las ruinas de Antioquía se presenta más difícil que de costumbre, ya que la extensión del desastre es enorme: son manzanas enteras que han quedado reducidas a escombros.
En todas partes hay ya maquinaria pesada trabajando para quitar bloques de hormigón y liberar al menos una parte de las calles, completamente cubiertas de cascotes y coches aplastados por los edificios caídos.
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El ruido de las excavadoras, junto al de las numerosas ambulancias abriéndose paso entre el tráfico de camiones y coches de rescate, además de algún generador, complica enormemente escuchar llamadas de algún superviviente.
Cascos Blancos denuncian que no han recibido ayuda de la ONU
Raed Saleh, líder de los Cascos Blancos, un grupo de rescatistas que operan en las áreas opositoras sirias, denunció hoy que aún no han recibido ninguna ayuda de las Naciones Unidas para las labores de búsqueda y consideró que “la burocracia de la ONU participó en la matanza del pueblo sirio”.
“He hablado con un responsable de la ONU, pregunté sobre las causas (del retraso) y me contestó que por motivos burocráticos. Hoy la burocracia de la ONU participó en la matanza del pueblo sirio”, lamentó Saleh en una rueda de prensa desde la provincia noroccidental de Idlib y retransmitida en directo de forma telématica.
El líder de los Cascos Blancos criticó que, pasado tanto tiempo del seísmo registrado la madrugada del pasado lunes, “ya no habrá ninguna asistencia humanitaria que afecte al rescate de personas” y los esfuerzos se concentran ahora en “acelerar el proceso de recuperar los cadáveres de debajo de los escombros”.