Tras el ataque del domingo, unos 1.500 manifestante bolsonaristas fueron arrestados por las autoridades brasileñas, después de que asaltaran las sedes de los tres poderes.
Washington (EFE).- Los representantes de los 34 países miembros ante la Organización de Estados Americanos, OEA, y su secretario general, Luis Almagro, coincidieron en condenar de forma unánime las acciones “fascistas” en Brasil.
En una reunión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA para estudiar los hechos ocurridos el domingo pasado en la nación suramericana, Almagro calificó de “fascista” y “golpista” la irrupción de miles de seguidores del expresidente brasileño Jair Bolsonaro en las sedes del Parlamento, el Tribunal Supremo y la Presidencia.
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“La movilización fascista que invadió Brasil el domingo forma parte de un movimiento que está presente no solo en Brasil, está presente en otros países” de la región, aseguró el diplomático uruguayo en Washington.
Durante la sesión, convocada a petición de la Secretaría General de la OEA y nueve países, entre ellos Estados Unidos, Chile y Colombia, los 34 Estados miembros del organismo expresaron su rechazo al ataque del domingo.

Personas se manifiestan en la avenida paulista en Sao Paulo, Brasil.
Además de los embajadores, los observadores permanentes ante la OEA de los Gobiernos de España, Francia, Italia, Portugal, el Reino Unido y la Unión Europea, UE, intervinieron para expresar su repulsa, un hecho inusual durante las sesiones extraordinarias del organismo.
El embajador de Brasil ante la OEA, Otávio Brandelli, agradeció el apoyo recibido por los Gobierno de la región y aseguró que los responsables de los “actos de violencia y vandalismo” en su país serán llevados ante la Justicia.
“El Estado brasileño y sus instituciones democráticas darán respuesta a la altura de la gravedad de los actos cometido”, señaló el diplomático.
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Tanto Almagro como los embajadores de países como Colombia y Chile, cuyos Ejecutivos forman parte de la nueva ola progresista en Suramérica, alertaron de que los sucesos en Brasil se corresponden con un patrón de ataques por parte de la ultraderecha en el continente.
Vargas consideró que no se trata de un ataque aislado, sino que responde a un “patrón” de “desconocimiento de la voluntad popular, que está dirigido a socavar el trabajo de los Gobiernos progresistas de la región”.