El último episodio se vivió hoy en una cárcel pública del centro de Manaos, capital del estado de Amazonas, con un resultado de al menos cuatro reos muertos, quienes fueron ejecutados con una violencia medieval por otros presos, un modo de actuar repetido en las masacres registradas esta semana.
"De los cuatro presos muertos, tres fueron decapitados y uno fue muerto por asfixia", señaló la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Amazonas en un comunicado.
No obstante, el presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB), Epitácio Almeida, elevó la cifra a cinco y comentó que además hay varios desaparecidos.
El penal en el que se produjo la revuelta dejó de funcionar en octubre pasado por recomendación del Consejo Nacional de Justicia (CNJ) debido al hacinamiento y a su precaria infraestructura, pero fue reabierto esta semana para albergar a unos 300 internos de otra cárcel en la que también se vivió una matanza.
Los familiares de los reclusos acudieron a las puertas de la cárcel desde la madrugada en busca una información que no obtuvieron, lo que desembocó en la quema de algunos objetos.
La improvisación del Gobierno de Amazonas para contener la crisis es un ejemplo del colapsado sistema penitenciario brasileño, el cual acoge a 622.000 presos, un 67,3 % por encima de su capacidad, y está prácticamente dominado por facciones criminales.
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