Se presume que la mayoría de nosotros conoce que es un manglar, pero eso no fue lo que evidenciaron los dos estudiantes de biología de la Universidad del Magdalena que hablaron sobre el tema con aproximadamente 300 personas en forma individual y grupal, el pasado domingo 17 de agosto.
Las charlas tuvieron lugar en el sector de Bello Sol, en el espacio costero que hay entre el Hotel Marriott Playa Dormida y el hotel Wyndham Santa Marta Aluna Beach, en desarrollo de la idea de la corporación Samarios Sí Podemos de indagar qué sabe la gente acerca de los manglares; si conoce los que tiene cerca y si es un tema que le interesa conocer a fondo o le parece que tenga alguna importancia hacia el futuro.
En un domingo de puente como ése, las playas se llenan de gente de todo tipo. Van los residentes y turistas y sus familias, los jóvenes del barrio, los niños y los viejos y todos parecen estar a gusto disfrutando a su manera de un día de playa. El paisaje humano también lo conforman los puestos de venta estacionarios que aparecen de la nada; los vendedores ambulantes y los prestadores de servicios varios, cuyo movimiento de norte a sur y viceversa, es una constante en el ambiente playero.
Los estudiantes se acercaron a quienes encontraron en su recorrido y con una estrategia y un guion preparados de antemano, les preguntaron por los manglares vecinos, conocidos con los nombres de Playa Dormida Norte y Sur (Mantrupi), les mostraron fotografías a color de los animales que los habitan de acuerdo con los resultados del proyecto de investigación en el que participaron como estudiantes de la Universidad y les dieron en la medida de lo posible, una corta charla acerca de su importancia.
De las conclusiones de los estudiantes se destaca que la gran mayoría de las personas no tenía claro que era un manglar pero prestaron atención, hicieron preguntas y mostraron interés, en esa ocasión, más los adultos que los jóvenes y más los grupos grandes que las parejas. Fueron bastantes los comentarios positivos frente a esta clase de campañas y varias inquietudes acerca de la forma en que se podría ayudar de parte de ellos.
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Las personas que departían con alcohol en la mano no aceptaron interrupciones, no así los vendedores estacionarios y ambulantes que escucharon atentamente, a los últimos mientras se les seguía el paso, acompañándolos en su continuo movimiento. Uno de los comentarios más recurrentes entre los turistas, fue que los Samarios no cuidaban su entorno y de éstos, que los turistas no venían sino a ensuciar; no faltó quien hablara de la contaminación del mar y de la falta de agua. Algunos personas mayores mostraron mucha indiferencia hacia los estudiantes, negándose incluso a observar las imágenes de los animales; los niños por su parte las miraban rápidamente y la mayoría gritaba corriendo hacia el agua, que no se debían botar paquetes, ni botellas al mar. Nadie ni residentes ni turistas, tenía idea acerca de que había dos manglares a su alrededor.
En síntesis, fue un ejercicio positivo y optimista para el conocimiento y tratamiento de los manglares, si comparamos el interés versus el desinterés de la gente sobre el tema, lo que sugiere que puede seguir haciéndose con la valiosa ayuda que nos daría la opinión de los lectores de El Informador acerca de la forma de acceder a la gente en un lugar y día como el descrito o en otros lugares y días.


