“El rescate militar es una obligación del Estado”, dijo el sargento de la Policía, Luis Alberto Erazo, quien se recupera de sus heridas físicas y del dolor que le causó la pérdida de sus compañeros de cautiverio, con los que convivió cerca de 12 años y a los que recuerda con nostalgia.
“La política negociada al conflicto es la más obvia, la más adecuada, la que deben aceptar los guerrilleros, la que el presidente Santos les está ofreciendo en este momento”, dice.
Erazo también hizo un llamado a los colombianos para que cesen la indiferencia, para que se sienta un rechazo universal a la guerrilla y a la violencia. “Así como Dios existe, también existe el mal y el mal es las Farc”.
“Una cosa es contarlo y otra muy diferente vivirlo. Colombia no cree que hay secuestrados, que hay civiles, militares, policías y hasta niños en poder de las Farc. Colombia no cree eso y por eso la apatía. Por ahí está Herbin Hoyos haciendo caminatas, hay mucha indiferencia; las familias de los secuestrados están solas”.
Mientras el uniformado relata con nostalgia los momentos que vivió en la selva no pierde la esperanza de volver a ver a sus compañeros, a los que dejó atrás, pero a los que jamás olvida en sus oraciones y recuerda en cada anécdota vivida entre cambuches y caminatas.
“A mis compañeros que se quedaron allá les digo que tengan fe en Dios, que así como yo salí, ellos van a salir. Pero que estén tranquilos que el caso que nos pasó a nosotros no les va a pasar, confíen en eso y sé que pronto los vamos a tener con nosotros”.
Luego de un largo suspiro recordó al sargento del Ejército José Libio Martínez Estrada; y a los integrantes de la Policía Nacional, el coronel Edgar Yesid Duarte Valero, el mayor Elkin Hernández Rivas y el intendente jefe Álvaro Moreno.
“Mi capitán Duarte era un hombre muy espiritual, dedicado a su familia en escritos, leía mucho la biblia, era un hombre muy educado. El teniente Hernández era un hombre muy alegre, muy recochero. Hincha foribundo de Millonarios y recordaba mucho a su padre. Moreno quería salir rápido del cautiverio y ayudar a doña Mery a colocar una miscelania y Martínez quería salir rápido para abrazar a su hijo y conocerlo”.
Finalmente, agradeció a cielo por la fortuna de tenerlo con vida al lado de su familia. “Yo le doy gracias a Dios y a la virgen María de las Lajas que con su bendición me sacó de ese momento de angustia y desesperación cuando las balas me zumbaban y herían mi cuerpo. Yo saqué la fuerza que necesité para poder salir corriendo por la selva”.