Santa Marta y sus delfines cambiaron la vida de ILLA: La historia del joven peruano que llegó desde Cusco para desafiar sus límites

Foto cortesía Centro de Vida Marina de Santa Marta.

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El joven de 18 años con parálisis cerebral infantil viajó desde Cusco, Perú, hasta Santa Marta para vivir su primera sesión de delfinoterapia, donada por el Centro de Vida Marina. La experiencia lo marcó para siempre.

llla del Río tiene 18 años y vive en Cusco, Perú. Nació con hipoxia, lo que le generó parálisis cerebral infantil: una condición que compromete su movilidad pero no su capacidad cognitiva. Desde siempre tuvo un sueño claro: nadar con delfines, sentirlos cerca, dejarse transformar. Este abril, el Centro de Vida Marina de Santa Marta, con su equipo de profesionales en bienestar animal y terapias asistidas con delfines, decidió hacerlo realidad donándole la totalidad de las sesiones, un gesto que abrió una puerta que Illa nunca olvidará.

Cinco días que cambiaron su vida
Su padre describe el diagnóstico con precisión y emoción a la vez. "Nació con hipoxia, lo que le generó el síndrome de parálisis cerebral infantil, en la que cognitivamente está bien pero está afectada su parte motora", relata Alonso del Río Papá de Illa. Fue él quien lo acompañó durante su viaje a la capital del Magdalena.

Foto cortesía Centro de Vida Marina de Santa Marta.
Foto cortesía Centro de Vida Marina de Santa Marta.

El impacto fue inmediato. "Los cinco días que hemos pasado aquí en Colombia, en el Centro de Vida Marina, han sobrepasado todas nuestras expectativas. Ha sido un acontecimiento inolvidable. El impacto emocional es algo que no va a olvidar nunca", asegura el padre de Illa, con la voz de quien acaba de ver algo que no esperaba ver.

Un programa que cruza fronteras
La delfinoterapia es una modalidad de terapia asistida por animales con beneficios documentados en personas con condiciones neurológicas, motoras y cognitivas. Vicky Muriel, Directora del programa de Delfinoterapias del Centro de Vida Marina, explica que el caso de Illa no fue uno más: fue una demostración del alcance real de lo que hacen.

"El caso de Illa es muy particular. Siempre en su imaginario estaba tener una interacción terapéutica con los delfines. Para nosotros es inspirador traer a Illa, porque este caso nos muestra cómo el programa impacta no solo a personas del país, sino de otros países, como es en este caso Perú", explica Muriel.

Foto cortesía Centro de Vida Marina de Santa Marta.
Foto cortesía Centro de Vida Marina de Santa Marta.

Los delfines que acompañaron a Illa en sus sesiones hacen parte de A Mar Abierto, el programa pionero del Centro de Vida Marina que permite a estos animales realizar salidas regulares al mar para explorar arrecifes, ejercitar sus instintos naturales y mantener un contacto directo con su hábitat. Detrás de cada uno de ellos hay un equipo de biólogos especializados que los monitorea las 24 horas del día, los 7 días de la semana, garantizando su bienestar físico y emocional. Es ese nivel de cuidado profesional el que hace posible que las delfinoterapias sean seguras, efectivas y profundamente humanas.

La donación de las sesiones a Illa no es un gesto aislado. Es el reflejo de una vocación institucional que va más allá del servicio y que apunta a la inclusión sin fronteras. Con esta acción, el Centro de Vida Marina y Colombia refuerzan su lugar entre los referentes mundiales en terapias asistidas con delfines, no solo por la calidad técnica del servicio, sino por el compromiso humano que lo sostiene.

Foto cortesía Centro de Vida Marina de Santa Marta.
Foto cortesía Centro de Vida Marina de Santa Marta.

Un orgullo para Colombia
Que un joven peruano haya recorrido casi 5.000 mil kilómetros para recibir delfinoterapia en Santa Marta no es un dato menor: es un indicador del lugar que está ocupando Colombia en el mundo de las terapias asistidas. El Centro de Vida Marina es hoy uno de los pocos centros en América Latina y entre los más destacados a nivel global que ofrece esta modalidad de terapia con estándares científicos, equipos de bienestar animal especializados y una visión de inclusión que lo distingue.

Illa volvió a Cusco. Volvió a Canela, a sus mañanas de alfalfa, a su vida. Pero algo cambió en él para siempre: sabe ahora, de manera irremplazable, lo que se siente cuando un sueño deja de vivir solo en la imaginación.

Foto cortesía Centro de Vida Marina de Santa Marta.
Foto cortesía Centro de Vida Marina de Santa Marta.

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